sábado, 24 de septiembre de 2022



BAR ESPAÑA

II PARTE

               Parece que fue ayer, sin embargo, ya han pasado cinco meses desde que bajamos las persianas del BAR ESPAÑA. En esta segunda entrega, viajaremos a lo largo y ancho de la bolita del mundo. Quinientos años después de la circunnavegación de la Tierra, podemos escribir que hemos contado con embajadores del BAR ESPAÑA a lo largo y ancho del orbe.

Desde Reyjkavik, en Islandia, hasta Adelaida, en la lejana Australia. Surcamos mares lejanos llegando a las Filipinas con el inolvidable Pepe Nieto. No podíamos dejar de lado el continente americano, contando para ello con el mejor embajador en Washington: Paco Rodríguez Jiménez, Fulbright bis. Volviendo a la vieja Europa, Münster en Alemania, con Marty, que se apuntó a jugar a los chinos. En la Bretaña francesa (Combourg) contamos con Aurore y Greg. La experiencia islandesa, Gamli Garður (Reyjkavik) —Álex Ferrer, Javi Herrero y Luis Flores— hizo que repitiéramos Erasmus en la verde Irlanda, además, por partida doble —Limerick y Galway—. Pasados unos años, volvimos a las aventuras erasmunianas con Elia María y la gran nevada en la italiana Parma. Nuestra última embajada en activo nos llevó más allá del antiguo Telón de Acero. Antonio nos guio por Cracovia y Varsovia con un calor polaco totalmente inusual, de la misma manera que fue viajar con la pandemia de COVID-19 en todo su esplendor.

               No podíamos dejar atrás —last but not least— Merchant Taylor’s School, en plena campiña inglesa. Integrado en el colegio estaba Manor of the Rose, edificio en el que Cristina vivió los tres años que permaneció allí. Claro que todo esto no hubiera sido posible sin la perfecta anfitriona, Berta Broncano. Gracias a su intervención impartimos una clase de Historia de España en ese prestigioso colegio. Cerca de allí, fundamos la colonia española en Watford —Pretoria Road—, reforzada poco después con Ed De-Ritter.

LOS INICIOS

               Con el fin de recuperarnos de los viajes, es tiempo y momento de recapitular, volver a las raíces, contar batallitas, desvelar misterios, rincones desconocidos, detalles desapercibidos del BAR ESPAÑA, dejando otros al albur del tiempo y la leyenda.

Comenzaremos este periplo dando unas pinceladas de los orígenes del edificio. A principios del siglo XX su propietario era Francisco Portillo Antequera, un agricultor, que, además, era corredor de cereales y arrendatario del arbitrio de pesas y medidas del Ayuntamiento de Santa Marta durante varios años. 

El actual BAR ESPAÑA estaba situado en el ala derecha de la antigua casa solariega de Portillo, siendo el antiguo cine y LA TALEGA el espacio donde guardaba el grano, teniendo, asimismo, una bodega de vino. Por la empinada rampa que desembocaba en el corralón, sudorosas bestias enganchadas en carros subían y bajaban en constante trasiego, cargando cereales, la mayoría de ellos con destino al puerto de Sevilla. Francisco Portillo, sufrió, en poco tiempo, la pérdida de dos de sus hijas por tuberculosis. Apesadumbrado por los recuerdos, vendió el gran caserón. 

Poco tiempo después, la cuesta de acceso fue reformada. Transformaron totalmente la antigua bodega, construyendo un teatro, con patio de butacas y gallinero. A través de una pequeña puerta, situada al fondo, se subía al escenario. Los camerinos estaban debajo, mientras que la tramoya se encontraba oculta. Poco después, se colocó una gran sábana blanca, comenzando así la época dorada del séptimo arte.

PELUQUERÍA Y BARBERÍA

Volviendo al BAR ESPAÑA, a finales de los años veinte del pasado siglo —más de noventa años ya— encontramos las referencias más antiguas. En marzo de 1929, en el diario La Libertad se hacían eco de la apertura «en nuestra calle más céntrica un nuevo establecimiento de peluquería con todo confort». Por su parte, Correo Extremeño anunciaba la inauguración de La Invencible, «con todos los adelantos que manda la higiene», regentado por Ignacio Tinoco Monje. 

Un año más tarde, con motivo de las fiestas locales, un reclamo publicitario, colocado estratégicamente en sentido vertical, publicitaba la Barbería El Niño, en la calle José Canalejas, como «la más higiénica y mejor montada».


Ignoramos el tiempo que estaría la bacía colocada en la puerta. Las siguientes alusiones que conocemos está basada en varios testimonios orales, de los que el más plausible procede del ilustre maestro Fernando Pérez Marqués. En una conversación mantenida con el que suscribe, afirmó que, cuando llegó a Santa Marta —a mediados de 1942—, el local ya estaba abierto como negocio de hostelería, aunque desconocía quien era el responsable. Pudiera ser Sebastián Gamito, que compaginaba el oficio de repostero con el de taxista. Después, regentaron el negocio, Mariano Mejías y algunos más que no llegaron a cuajar.

Espronceda y Carolina
Espronceda y Carolina

FEDERICO JULIO ZAMBRANO DOMÉNECH

Alrededor de 1958 se produce el cambio que le dio al BAR ESPAÑA sus señas de identidad. El BAR ESPAÑA, junto el cine Lope de Vega y la casa contigua, seguían constituyendo una sola propiedad, perteneciendo entonces al matrimonio almendralejense Evaristo de Vega Esteban y Carmen Arroyo Cortés.

El bodeguero Cayetano Estévez, alquiló el negocio e hizo una reforma que, aunque han transcurrido más de sesenta años, sigue causando admiración a todos los que traspasan su umbral por primera vez.

La idea de Cayetano, aconsejado por Calixto Estévez, era construir un local moderno y totalmente diferente a lo que había entonces en una Santa Marta que comenzaba a salir del sopor. Para ello, contrató los servicios de un prestigioso escultor y escayolista, Federico Julio Zambrano Doménech.

Zambrano, vino al mundo en Almendralejo en 1911. Cursó estudios en Barcelona y en Madrid. Artista bohemio, su taller en la calle Mérida estaba repleto de obras, muchas de ellas inacabadas, además de una gran cantidad de mininos, que pululaban a sus anchas.  Ese espíritu inquieto, le llevó a crear una Escuela de artes, amparada por la Sociedad El Obrero Extremeño. En esta misma asociación, si ustedes visitan la capital de Tierra de Barros, en el vestíbulo, hay un conjunto escultórico en el que homenajea a su padre, Federico Zambrano González, primer presidente y socio fundador del Obrero. En el mismo lugar, se puede contemplar un altorrelieve de escayola representando a los dos poetas universales nacidos en Almendralejo, José de Espronceda y Carolina Coronado. Póstumamente, donó un busto del médico y científico Ramón y Cajal, enaltecido con un monolito de granito, obra de Alberto Asuar, ubicado en la confluencia de la Avenida de la Paz con la calle Arturo Suárez Bárcena.


 

LA GRAN REFORMA

El BAR ESPAÑA era media casa. Constaba de un primer paso; el segundo, más estrecho, al tener un hueco de escalera por donde se subía al doblado, que ocupaba toda la parte superior. Dicha habitación era usada como almacén y cabina telefónica. La tercera estancia tenía las mismas dimensiones que la primera.  La cocina y el corral tenían un desnivel considerable con respecto al bar. Y al final, el inevitable pozo de agua salobre, presente en todas las casas antiguas, en este caso compartido el brocal con el cine Lope de Vega. El tabique que los separaba tenía una abertura por donde pasaban las buenas viandas que allí se elaboraban.

El escultor Zambrano, junto con los hermanos Estévez y el maestro de obras Manuel López Vara, decidieron cortar los portados y así tener más amplitud. Con ese fin, los rebajaron hasta el suelo, ganando bastante terreno, reforzándolos con unas estéticas ménsulas de escayola. Los muros de carga fueron forrados de adoquines de granito.  El zócalo de las paredes lo hicieron de cartón piedra gris. El mostrador ocupaba toda la parte derecha del salón, partiendo con una semicircunferencia, siguiendo totalmente recto hasta que, al final, después de una ese, terminaba en una trampilla por donde se accedía al interior. La tapa era de madera rústica, siendo bastante más alto que en la actualidad. El frontis estaba forrado, asimismo, de cartón piedra, en este caso de color verde, y contaba con reposapiés de piedra granítica, destinado a descargar las cansadas extremidades de los clientes; los taburetes no habían llegado aún por estos lares. Al mismo tiempo, llamaba la atención el urinario, situado a la derecha de la puerta de entrada. En esa época, la mayoría de bares y tabernas contaba con un solo servicio, normalmente destinado a los caballeros. En este caso horadaron el muro, haciendo un hueco en el que colocaron una puerta y una placa turca. Las dificultades que encontraban los parroquianos corpulentos eran enormes. Si en alguna ocasión algún cliente salía de frente, el resto de clientes suponía que no había miccionado solamente.

Al fondo se aprecia el urinario, con puerta blanca.

MÁRMOLES Y DROGA VERDE

El pavimento, compuesto de trozos de mármol de distintos colores y juntas de color verde, fue una de las señas de identidad de la GRAN REFORMA. Al mismo tiempo, hay que destacar la paciencia y el buen hacer de los oficiales Paco Mentirilla y Remolino, artífices de la ejecución de la obra. En las diferentes obras efectuadas posteriormente, los maestros albañiles intentaron imitar el tinte, siendo imposible conseguirlo. A pesar de los años transcurridos, continúa brillando y llamando poderosamente la atención de los recién llegados.


LAS ARTÍSTICAS BÓVEDAS DE ESCAYOLA

Una vez bien afirmados los pies en el suelo, es hora de elevar la mirada hacia el cielo. Las bóvedas de escayola fueron la extraordinaria aportación del escultor Federico Julio Zambrano Doménech, al que, como vimos anteriormente, le gustaba trabajar el yeso.

OSTRAS Y CARACOLES

En la primera estancia, adheridas a la bóveda, encontramos una ostra y un caracol. Primer enigma. ¿Por qué Zambrano colocó estos moluscos? En la película Espartaco, protagonizada espléndidamente por Kirk Douglas, en una de sus escenas más famosas, Laurence Olivier preguntaba a Toni Curtis si le gustaban más los caracoles o las ostras, cuestionando veladamente su orientación sexual. Si no fuera porque hasta 1991, cuando se restauró el film, no fue incluida en el metraje podríamos pensar que no fue casualidad…

Si tomamos como referencia a la ostra como figura del género femenino y el caracol como masculino, es lógico pensar que el acierto de Federico Julio en situar estos símbolos representativos fue total. En la actualidad, la perspectiva exacta donde se sitúan los lavabos de señoras y caballeros coincide con las imágenes colocadas hace más de sesenta años.

 


LA PALETA DEL PINTOR

Continuamos con la nave central, la más vistosa, la más admirada. Colgada del techo, da la sensación de estar suspendida en el aire. Una gran paleta blanca, con unas figuras asimétricas cristalinas de diferentes colores que dan la sensación de pequeños canes. Cuatro grandes espátulas parecen sujetarla, quizás esperando un coloso capaz de introducir su dedo gigante por el huevo, descolgarla y emborronar un gran lienzo. Los pinceles, ahítos de pintura, aguardan sin prisa, reposando en las artísticas rinconeras, de las que emanan rayos de luz.  



LAS TAPAS

La tercera bóveda, la ignorada; sin embargo, esconde en sus cuatro ángulos redondeados homenajes al arte culinario. En esta ocasión, el escultor utilizó unos cristales en los que plasmó las diferentes ofertas gastronómicas.

En el primero, tres sardinas descabezadas, acompañadas del inevitable limón, parecen nadar sobre la lechuga.

El siguiente está destinado a los aperitivos por excelencia. Patatas fritas y aceitunas, alguna de ellas acompañada de un palillo.

El tercero, no podían faltar nuestros platos de cuchara, las legumbres, acompañados de huevos duros y queso.





               Y, por último, nuestros embutidos más preciados: jamón, lomo, chorizo, salchichón.



LA SALA DE JUEGOS

La última habitación, destinada originalmente a dormitorio —hay constancia de que allí nacieron algunos bebés—, fue la destinada a albergar los juegos de azar, no en vano está un poco escondida. Zambrano insertó figuras por doquier, rememorando partidas imposibles: tanto las siluetas del ajedrez —caballo, torre, alfil—, como los palos del póker —tréboles, corazones, diamantes— aparecen escoltadas por las sempiternas conchas. En un cuadro rectangular acristalado, varias fichas de dominó; en otro, un dado abandonado, sin cubilete; y en el último, como colofón, la sota de copas de la baraja española, acompañada con la firma del artista: ARTES F. ZAMBRANO ALMENDRALEJO.




COMPAÑEROS

El BAR ESPAÑA, no hubiera sido lo mismo sin la gran cantidad de compañeros y compañeras que han trabajado junto a nosotros a lo largo de los años. OS AGRADECEMOS, a todos vuestra dedicación y entrega al BAR ESPAÑA. Sin vosotros no habríamos estado tantos años:

Gabino Carretero Sánchez, Vicente Flores Rodríguez, Francisco Cantero Amaya, Juan Víctor Juan Ballesteros, María Hernández Parreño La Pelona, Miguel Gurrumino, Antonio Negro, Manuel Arenas Amo, Pepa Cansado Flores, José Flores Rodríguez, José Grillito, de Los Santos, Ángel Juan Ballesteros, Antonio Parra Núñez, Rafael López García, Juan Manuel García Gordillo, Emilio Salas, Manuel Flores Rodríguez Felman, Guadalupe Jaramillo Corzo, Francisco Amo Gastón, José Vázquez Juan, Rufino Vázquez Juan, Roberto Vozmediano, Merche, Eva Trigo, José Santiago Lavado, Fidel Cid, Jeromo, Coral, Teodora, Pedro Chovo, Juan Tomás Zarallo, Olga Zamora Santiago, Juana Mª Caro, Paco Rabaneda, Capitolina Hernandes Gonçalves, Mara, Emilio Cruz, Maribel Meneses,  Alexandra García Sandra, Mari Carmen, Álvaro Soto Barrena, Ángela Carballo, José Lobato Regalado, Lorena, José Cantero Utrero, Víctor Verde, Ana Belén Durán González, Juan José Escaño Basilio Málaga, Leandro Vázquez Juan El Inefable, Piedad Zambrano Acevedo, Rafaela González Murillo y Helga Margarida Fernandes Gonçalves.

Pudiera ser que, en esta extensa relación nominal, faltaran algunos —han sido muchos años—, no obstante, esta es una publicación abierta, por lo que tiempo habrá de incluirlos si algún amable lector lo menciona.

Gabino, Manuel y Vicente, «LOS PIONEROS»

Leandro, Piedad, Manolo y Helga, THE LAST STAFF



MARÍA

Nos gustaría terminar esta segunda entrega de la misma forma que comenzamos, viajando, que es lo que más le gustaba a una gran amiga que se nos fue el pasado año. Ella, desde su estrella, allá por la Vía Láctea nos mirará, recordando que siempre nos quedará la eterna Roma, Berlín y el muro, Peñíscola y el Papa Luna, Úbeda y la melancolía sabinera, Granada y la puesta de sol…

—Manolo, vamos a tomarnos una cervecita, ya va siendo hora, que el Tiri, aprovechando que la ginebra viene muy bien para limpiar el objetivo de la cámara, se nos ha anticipado.



Su nombre María, su recuerdo, imperecedero. Besos al cielo.




 



  CALLE ALMENDRAL (II)                Con el fin  de que no se enojen los profesionales que llegaron en la década de los ochenta y noventa d...