viernes, 19 de julio de 2024

 

PREGÓN FERIA DE LOS MAYORES 2024

       Una vez pasadas las fiestas de San Joaquín y Santa Ana quiero devolver las muestras de cariño que me habéis ofrecido publicando el escrito del pregón, al que le añado fotos alusivas al texto.

    En primer lugar, dar las gracias a la Junta Directiva de la Asociación de Pensionistas y Jubilados de nuestro pueblo por darme la oportunidad de dar el pregón de esta fiesta de los mayores 2024, especialmente a José Luis Rodríguez Acevedo por sus palabras. Acevedo y yo compartimos unos momentos muy especiales en el Colegio Menor Santa Ana de Almendralejo cuando éramos unos niños. Al mismo tiempo, quiero hacer constar el agradecimiento por la presencia constante de las autoridades, a las que tenemos que reconocer que, año tras año, apoyen con tanto entusiasmo esta fiesta.

    Y como no mencionar a la familia, lo más importante de nuestras vidas, con mención especial para la bisa Petra y los dos más pequeños, Lucas y Helena, sin olvidar a los amigos, que también veo por ahí a unos cuantos.

    Antes de comenzar, me gustaría evocar a algunos de los pregoneros que me han precedido en esta labor —Domingo Sánchez, Emiliana, Mari Carmen Durán, Isabel María Pérez, Alfredo Vozmediano—, especialmente a María Catena, la primera pregonera de estas fiestas de San Joaquín y Santa Ana, que estuvo en este atril hace una docena de años. María cogió el pendingue hace casi tres años y se fue a hacer un viaje estelar, esta vez sin nosotros.





Del mismo modo, recordar a dos hombres que vivían la feria con gran intensidad y nos dejaron el año pasado. Un camarero, Javier Rahona y un ciudadano ejemplar, Juan José Troyano.



Javi el del Casino, el alcalde de la calle El Medio, así le llamábamos Peana y yo mismo poco después de que una bandeja volara y asustara a cualquier desprevenido. Javi, acompañado de Sonia, se mantuvo al pie del cañón hasta casi su último aliento, siempre con esperanzas renovadas, siempre presto para echar una mano y siempre sufriendo por ese Atlético madrileño, no en balde era el tono de llamada en su teléfono móvil. Fueron pocos años los que compartimos amistad y profesión, sin embargo, su recuerdo será muy difícil de olvidar.

Juan José Troyano arribó por estos lares reclamado para trabajar en el Banco Central. Apareció por aquí sin hacer mucho ruido y sin saber que había llegado al lugar del que nunca querría escapar. Al poco de venir atracaron la sucursal de la plaza que lleva su nombre, arrebatándole aquella chaqueta de cuadros, escasa prenda, empero, con el paso de los años, se encargó de atracarnos severamente a los santamartenses, conquistándonos con su bonhomía y don de gentes. Julia, se nos fue el joven cartero, pero su legado permanecerá para siempre en este pueblo.



Hay que ver, hay que ver, como pasan los años, cantaba mi admirado Alberto Cortez. Esperábamos la llegada de la feria con ilusión: la ola, la noria, los cacharritos, la tómbola y esas luces blancas que nos deslumbraban, acostumbrados como estábamos a vivir bajo una tenue bombilla. Echando la vista atrás, nos vemos dando saltos en la verbena de la antigua plaza de abastos. Muchos de los que ahora estáis aquí tranquilamente sentados esperando que empiece el baile, ya brincabais con el ritmo ye-ye de Los Aztecas o Los Jóvenes Diablos. De esos tiempos, tan cercanos, tan lejanos, los jubilados hemos progresado tanto que ahora tenemos una Vespa, —ves pacá, ves pallá—, chapurreamos palabras en árabe —ara be a por esto, ara bes a por lo otro— y, lo más ilusionante de todo, nos mandan a las playas de arena blanca del Caribe —cari be a por el pan, cari be a por los niños—.



Los Aztecas



Los Jóvenes Diablos, más tarde Santa Fe

        Quiero que este pregón sirva para hacer una dedicatoria al gremio en el que he desarrollado toda mi vida laboral y son muy poco reconocidos, a pesar de tener una gran importancia en la sociedad. Me refiero, como no podía ser de otra forma, a los camareros, camareras, cocineros, cocineras y a todos los profesionales que se dedican a lo que ahora se llama muy pomposamente la restauración. No sé si os habréis parado a pensar que, sin ellos y ellas, no habría feria, navidades, carnavales o cualquier celebración que se precie.

          Y es por ese motivo, aprovechando que el arroyo de Las Piletas pasa por aquí cerca, quiero homenajear a algunos de esos camareros que todavía permanecen en nuestra memoria, y, como no, a nuestra localidad, mi querida Santa Marta, que además de nuestra patrona, lo es de la hostelería. Santa Marta, la hospitalaria, la trabajadora estajanovista y desinteresada.


Camareros, familiares e invitados. Visita a la fábrica de Cruzcampo en 1969.

Desde su fundación, Santa Marta ha sido muy importante por su situación geográfica. A siete leguas de Badajoz, en la mejor ruta hacia Sevilla, los caminantes hacían parada y fonda en nuestro pueblo. Viajeros ilustres e ilustrados tales como el famoso poeta romántico Lord Byron, Lady Holland, Robert Semple y hasta un rey de España, Carlos IV, uno de los peores monarcas que hemos sufrido los españoles.

Ninguno dejó constancia tan halagadora como el militar y espía británico, el mayor Dalrymple, que, después de atravesar casi toda la Península Ibérica, consideró la posada santamartense donde se alojó una verdadera joya. Su comentario no ofrece dudas: «Encontramos una posada muy decente y un casero muy servicial, con mucho el más limpio que había visto desde que salí de Osuna». 

En esa época había hasta cinco mesones, casi todos en la calle Vieja, donde podían hospedarse los primeros turistas de la historia.

Hew Whiteford Dalrymple


Lord Byron

El ritmo de vida y la velocidad se llevó por delante este tipo de establecimientos. Allá por la década de los 70, nuestro pueblo era conocido como Santa Marta de los Bares…, y de los ardores por culpa de la vaca del Puti, que se hizo famosa en toda España por La Vaquilla.


Comida homenaje a Manuel Rodríguez Jaramillo en el Casino

Con el fin de acordarnos de algunos de aquellos bares y camareros, muy populares entonces, iremos de un lado al otro del pueblo. Detrás de cada mostrador, detrás de cada cocina, hombres y mujeres muy recordados, aunque escasamente reconocidos, se afanaban diariamente por aliviar la sed y el hambre de nuestros paisanos y visitantes.

Comencemos el paseo por el Casino. Por allí andaban los hermanos Rodríguez Gamito, José, el Tuerto y Juan, Peana, aunque este había cogido otros derroteros. En la cocina, Loli, aunque la que partía el bacalao era siñá Justa, una mujer que siempre tenía la puerta trasera del Círculo abierta para cualquiera que necesitara un cacho de pan.


En la foto de la izquierda vemos a José, Justa y Juan. En la plaza que entonces tenía palmeras, el bar de Pedro Cáceres era referencia obligada por la calidad de sus vinos. A la derecha, siño Pedro detrás del mostrador.

La calle del ingeniero Baxeres contaba con varios bares. El primero, en el entonces conocido como Capitol por su similitud con el edificio del mismo nombre situado en Madrid, Fito Megías y su hijo, Loren Megías Vidigal, hacían las delicias del personal con sus estupendas patatas bravas, la pescada rebozada y los discos de Triana y Bambino.

Justo al lado andaba Kiko Vidigal, la Gitana un gran hombre, con sus aperitivos rociados y un eslogan determinante: Beba vino sin gana en Bar La Gitana.

Por la calle Neila tenía su cubículo Paco Noriego, Pacolín.

Loren Megías
Kiko Vidigal

Dando un salto nos vamos a la Carretera. En el lugar donde hay actualmente una pescadería estaba el bar Trigo, regentado por Manolo Trigo y su esposa Encarna Corbacho. En alguna ocasión, Manolo, un poco cansado de los parroquianos, que abusaban de la bondad de siñá Encarna con los aperitivos, les espetó:

—¿Qué coméis, que no bebéis?


Encarna y Manolo Trigo

Muy cerca estaba el Bar Guisado, regentado por siñá Jacinta y su hija Pali, ayudados por Jerónimo Chimenea y José Luis. Los combates entre las mesas eran constantes, así como el suelo, totalmente pavimentado de papeletas azules, los boletos…, las tragaperras de la época.

Presumiendo de caza en la puerta del Bar Guisado

En el cruce de la carretera de La Morera, el Bar Cuatro Caminos, allí estaba Juanito, el de Leonor, con sus hijos Manolo, fallecido prematuramente, y Juan Rodríguez Trigo, toda una vida dedicada a la hostelería, primero con su padre, luego haciendo bodas a tutiplén con Filo y Pali Corchero, terminando en el negocio de su vida y por el que siempre va a ser reconocido, el Pub Chapo’s.

Y cómo no recordar a Rafael, el de los Carneros; Antonio, de El Paraíso; la fonda de Andrés y Florentina, Cantero, Carretero, Galea, Felipe, Piquito. Feligato en El Cabezo y tantos y tantos.

He dejado para el final, aunque no por ello menos importante, a mis padres, Manolo y Manuela, y el Bar España, mi casa. Allí, de manera consecutiva hemos trabajado la feria durante cincuenta y seis años.

Manolo y Manuela llegaron al Bar España en 1966. La feria era auténtico dolor de muelas para los dos. Todavía no habían llegado por estos lares las cámaras frigoríficas eléctricas. Las neveras se alimentaban con barras de hielo provenientes de la fábrica de Juan Cáceres, Bigote, mientras que los bebedores de vino entonces no eran delicados. A casi todos les daba igual la temperatura a la que se lo servían.

Juan Cáceres y sus hijos, Joaquín y Manolo

Mientras tanto, Manuela, poco a poco, le fue cogiendo el tranquillo al tema culinario. La carta no se había impreso todavía, por lo que las raciones y tapas se escribían en pizarras publicitarias, aunque la mayoría de las veces se cantaban a viva voz:

—Calamares, gambas al ajillo, callos, mollejas, ensaladilla, boquerones en vinagre, montado de cerdo, lomo en vela…

Cuando llegaban las fiestas patronales, se añadían al repertorio las gambas cocidas, traídas directamente de Huelva, en cajitas de madera, con buenas cantidades de ácido bórico para su mejor conservación. Ocasionalmente, se ofrecían pajaritos en salsa, muy demandados por la clientela, aunque al estar prohibido cazarlos se anunciaban con eufemismos, tales como Los que volaban o Voladores.


Manolo y Manuela en la Romería de La Morera

Los días 29, 30 y 31 de julio, a los que había que añadir la víspera y el primer día de agosto, tenían un aire especial, esperado por todos. Sorprendía ver la calle El Medio atiborrada de sillas y veladores de madera plegables. Partiendo de la Plaza de las Palmeras hasta la puerta del doctor Zarallo la ocupaba el Casino, mientras que la terraza del BAR ESPAÑA llegaba desde dicha fachada hasta la Plaza Chica, donde, durante la feria, la familia Naranjo instalaba los coches chocantes.

Inés, Mercedes y Paulina, mi hermana. A la izquierda, Fernando Pérez Marqués

La gran caja registradora estaba de adorno, la contabilidad se llevaba en la oreja. En el pabellón auditivo reposaba una tiza blanca, ligeramente húmeda, con las que el camarero iba anotando las consumiciones en la barra. A algunos clientes no les agradaba mucho, pero…. es lo que había.


Manolo, José Flores y su hermano Vicente. La tiza en la oreja

Poco a poco, las costumbres fueron cambiando, las grandes ciudades sacaron los recintos feriales fuera del casco urbano. Que sucediera en los pequeños núcleos de población sólo era cuestión de tiempo. Precisamente, este mes de julio se cumplen treinta años desde que la Corporación municipal decidiera concentrar todas las atracciones y casetas en el antiguo campo de fútbol, actualmente ocupado por el Instituto de Secundaria.

Los negocios de hostelería del centro tuvieron que reinventarse, no quedaba más remedio. Después de un periodo de travesía por el desierto, la solución vino desde la capital provincial. Y así nació la FERIA DE DÍA.

Charanga, flamenco, trajes de sevillana, cerveza, manzanilla, rebujitos…, el resurgir de la fiesta fue inmediato. Alguna que otra vez acabábamos empapados, tanto por fuera como por dentro, en buena camaradería. Algún año vimos seriamente preocupados a los feriantes.


Cartel de la feria de 2004

Los primeros años del siglo XXI revolucionaron la cocina. Y ahí estuvo Antonia y el restaurante LA TALEGA. En nuestro constante afán por aprender y ofrecer nuevos platos hicimos bastante turismo gastronómico. De ahí salieron las taleguitas, los rollitos de pechuga; la flor de pulpo embuchado; la bomba de patata, chorizo y huevo frito; el atadillo de calabacín; el mini quiche de setas o la yema sobre bizcocho de boletus. Tampoco descuidamos los productos locales, como las patatas con revoltillos y morcilla lustre, el cochinillo en caldereta, las patatas bravas, que Antonia las hacía con la receta cedida amablemente por el inolvidable Loren. Antonia, cuando terminaba su faena seguía al pie del cañón, ayudando si hacía falta o, actuando de sicóloga, si la ocasión lo requería.

Campeonato mundial de TAPAS. Valladolid, noviembre 2019

Actualmente, la feria no motiva, estamos saturados de fiestas. Desde hace ya mucho tiempo gran cantidad de familias aprovechan esos días para marcharse de vacaciones. Determinados colectivos ciudadanos piden la vuelta a los orígenes, o sea que las atracciones regresen a los centros de los pueblos, no obstante, eso será o no será y a los que estamos aquí para disfrutar esta noche no nos corresponde determinar.

Ya vamos terminando, a continuación, se procederá a la proclamación de los guapos y las guapas de este año 2024. Después vendrán los jeringos, los chocolates y demás menudencias. Cuando todo eso pase, os emplazo a tomaros un cubalibre en memoria de todos y con todos. O quizá debiera decir,

Budapest, mayo de 2022

Así que, antes de ponernos como el quico, no dirvos, sentarvos y quedarvos un rato más. Muchas gracias y que disfrutéis de estos días de fiesta.

¡¡¡VIVAN LOS MAYORES, LAS MAYORES, LOS ABUELOS Y ESAS ABUELAS TAN GUAPAS!!! 

Y, POR SUPUESTO, ¡¡¡VIVA SANTA MARTA!!!

 


  CALLE ALMENDRAL (II)                Con el fin  de que no se enojen los profesionales que llegaron en la década de los ochenta y noventa d...