PREGÓN
FERIA DE LOS MAYORES 2024
Una vez pasadas las fiestas de San Joaquín y Santa Ana quiero devolver las muestras de cariño que me habéis ofrecido publicando el escrito del pregón, al que le añado fotos alusivas al texto.
En primer lugar, dar las gracias a la Junta Directiva de la Asociación
de Pensionistas y Jubilados de nuestro pueblo por darme la oportunidad de dar el
pregón de esta fiesta de los mayores 2024, especialmente a José Luis Rodríguez
Acevedo por sus palabras. Acevedo y yo compartimos unos momentos muy especiales
en el Colegio Menor Santa Ana de Almendralejo cuando éramos unos niños. Al
mismo tiempo, quiero hacer constar el agradecimiento por la presencia constante
de las autoridades, a las que tenemos que reconocer que, año tras año, apoyen
con tanto entusiasmo esta fiesta.
Y como no mencionar a la familia, lo más importante de nuestras vidas, con mención especial para la bisa Petra y los dos más pequeños, Lucas y Helena, sin olvidar a los amigos, que también veo por ahí a unos cuantos.
Antes de comenzar, me gustaría evocar a algunos de los pregoneros que me han precedido en esta labor —Domingo Sánchez, Emiliana, Mari Carmen Durán, Isabel María Pérez, Alfredo Vozmediano—, especialmente a María Catena, la primera pregonera de estas fiestas de San Joaquín y Santa Ana, que estuvo en este atril hace una docena de años. María cogió el pendingue hace casi tres años y se fue a hacer un viaje estelar, esta vez sin nosotros.
Del mismo
modo, recordar a dos hombres que vivían la feria con gran intensidad y nos
dejaron el año pasado. Un camarero, Javier Rahona y un ciudadano ejemplar, Juan José
Troyano.
Javi el
del Casino, el alcalde de la calle El Medio, así le llamábamos Peana y yo mismo poco después de que una
bandeja volara y asustara a cualquier desprevenido. Javi, acompañado de Sonia, se
mantuvo al pie del cañón hasta casi su último aliento, siempre con esperanzas
renovadas, siempre presto para echar una mano y siempre sufriendo por ese
Atlético madrileño, no en balde era el tono de llamada en su teléfono móvil.
Fueron pocos años los que compartimos amistad y profesión, sin embargo, su
recuerdo será muy difícil de olvidar.
Juan José
Troyano arribó por estos lares reclamado para trabajar en el Banco Central.
Apareció por aquí sin hacer mucho ruido y sin saber que había llegado al lugar
del que nunca querría escapar. Al poco de venir atracaron la sucursal de la
plaza que lleva su nombre, arrebatándole aquella chaqueta de cuadros, escasa
prenda, empero, con el paso de los años, se encargó de atracarnos severamente a
los santamartenses, conquistándonos con su bonhomía y don de gentes. Julia, se
nos fue el joven cartero, pero su legado permanecerá para siempre en este
pueblo.
Hay que ver, hay que ver, como pasan los años, cantaba mi admirado Alberto Cortez. Esperábamos la llegada de la feria con ilusión: la ola, la noria, los cacharritos, la tómbola y esas luces blancas que nos deslumbraban, acostumbrados como estábamos a vivir bajo una tenue bombilla. Echando la vista atrás, nos vemos dando saltos en la verbena de la antigua plaza de abastos. Muchos de los que ahora estáis aquí tranquilamente sentados esperando que empiece el baile, ya brincabais con el ritmo ye-ye de Los Aztecas o Los Jóvenes Diablos. De esos tiempos, tan cercanos, tan lejanos, los jubilados hemos progresado tanto que ahora tenemos una Vespa, —ves pacá, ves pallá—, chapurreamos palabras en árabe —ara be a por esto, ara bes a por lo otro— y, lo más ilusionante de todo, nos mandan a las playas de arena blanca del Caribe —cari be a por el pan, cari be a por los niños—.
| Los Aztecas |
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| Los Jóvenes Diablos, más tarde Santa Fe |
Quiero que este pregón sirva para
hacer una dedicatoria al gremio en el que he desarrollado toda mi vida laboral
y son muy poco reconocidos, a pesar de tener una gran importancia en la
sociedad. Me refiero, como no podía ser de otra forma, a los camareros, camareras,
cocineros, cocineras y a todos los profesionales que se dedican a lo que ahora
se llama muy pomposamente la restauración. No sé si os habréis parado a pensar
que, sin ellos y ellas, no habría feria, navidades, carnavales o cualquier
celebración que se precie.
Y
es por ese motivo, aprovechando que el
arroyo de Las Piletas pasa por aquí cerca, quiero homenajear a algunos de
esos camareros que todavía permanecen en nuestra memoria, y, como no, a nuestra
localidad, mi querida Santa Marta, que además de nuestra patrona, lo es de la
hostelería. Santa Marta, la hospitalaria, la trabajadora estajanovista y desinteresada.
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| Camareros, familiares e invitados. Visita a la fábrica de Cruzcampo en 1969. |
Desde su
fundación, Santa Marta ha sido muy importante por su situación geográfica. A
siete leguas de Badajoz, en la mejor ruta hacia Sevilla, los caminantes hacían
parada y fonda en nuestro pueblo. Viajeros ilustres e ilustrados tales como el
famoso poeta romántico Lord Byron, Lady Holland, Robert Semple y hasta un rey de
España, Carlos IV, uno de los peores monarcas que hemos sufrido los españoles.
Ninguno dejó constancia tan halagadora como el militar y espía británico, el mayor Dalrymple, que, después de atravesar casi toda la Península Ibérica, consideró la posada santamartense donde se alojó una verdadera joya. Su comentario no ofrece dudas: «Encontramos una posada muy decente y un casero muy servicial, con mucho el más limpio que había visto desde que salí de Osuna».
En esa época había hasta cinco mesones, casi todos en
la calle Vieja, donde podían hospedarse los primeros turistas de la historia.
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| Hew Whiteford Dalrymple |
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| Lord Byron |
El ritmo
de vida y la velocidad se llevó por delante este tipo de establecimientos. Allá
por la década de los 70, nuestro pueblo era conocido como Santa Marta de los Bares…, y de los ardores por culpa de la vaca
del Puti, que se hizo famosa en toda
España por La Vaquilla.
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| Comida homenaje a Manuel Rodríguez Jaramillo en el Casino |
Con el
fin de acordarnos de algunos de aquellos bares y camareros, muy populares
entonces, iremos de un lado al otro del pueblo. Detrás de cada mostrador,
detrás de cada cocina, hombres y mujeres muy recordados, aunque escasamente
reconocidos, se afanaban diariamente por aliviar la sed y el hambre de nuestros
paisanos y visitantes.
Comencemos
el paseo por el Casino. Por allí andaban los hermanos Rodríguez Gamito, José, el Tuerto y Juan, Peana, aunque este había cogido otros derroteros. En la cocina, Loli, aunque la que
partía el bacalao era siñá Justa, una
mujer que siempre tenía la puerta trasera del Círculo abierta para cualquiera
que necesitara un cacho de pan.
En la foto de la izquierda vemos a José, Justa y Juan. En la plaza que entonces tenía palmeras, el bar de Pedro Cáceres era referencia obligada por la calidad de sus vinos. A la derecha, siño Pedro detrás del mostrador.
La calle
del ingeniero Baxeres contaba con varios bares. El primero, en el entonces
conocido como Capitol por su similitud con el edificio del mismo nombre situado
en Madrid, Fito Megías y su hijo, Loren Megías Vidigal, hacían las delicias del
personal con sus estupendas patatas bravas, la pescada rebozada y los discos de
Triana y Bambino.
Justo al
lado andaba Kiko Vidigal, la Gitana un
gran hombre, con sus aperitivos rociados y un eslogan determinante: Beba vino sin gana en Bar La Gitana.
Por la calle Neila tenía su cubículo Paco Noriego, Pacolín.
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| Loren Megías |
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| Kiko Vidigal |
Dando un
salto nos vamos a la Carretera. En el lugar donde hay actualmente una
pescadería estaba el bar Trigo, regentado por Manolo Trigo y su esposa Encarna
Corbacho. En alguna ocasión, Manolo, un poco cansado de los parroquianos, que
abusaban de la bondad de siñá Encarna
con los aperitivos, les espetó:
—¿Qué coméis, que no
bebéis?
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| Encarna y Manolo Trigo |
Muy cerca
estaba el Bar Guisado, regentado por siñá
Jacinta y su hija Pali, ayudados por Jerónimo Chimenea y José Luis. Los combates entre las mesas eran constantes,
así como el suelo, totalmente pavimentado de papeletas azules, los boletos…,
las tragaperras de la época.
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| Presumiendo de caza en la puerta del Bar Guisado |
En el
cruce de la carretera de La Morera, el Bar Cuatro Caminos, allí estaba Juanito,
el de Leonor, con sus hijos Manolo, fallecido prematuramente, y Juan Rodríguez
Trigo, toda una vida dedicada a la hostelería, primero con su padre, luego
haciendo bodas a tutiplén con Filo y Pali Corchero, terminando en el negocio de
su vida y por el que siempre va a ser reconocido, el Pub Chapo’s.
Y cómo no
recordar a Rafael, el de los Carneros;
Antonio, de El Paraíso; la fonda de Andrés
y Florentina, Cantero,
Carretero, Galea, Felipe, Piquito. Feligato
en El Cabezo y tantos y tantos.
He dejado
para el final, aunque no por ello menos importante, a mis padres, Manolo y
Manuela, y el Bar España, mi casa. Allí, de manera consecutiva hemos trabajado
la feria durante cincuenta y seis años.
Manolo y
Manuela llegaron al Bar España en 1966. La feria era auténtico dolor de muelas
para los dos. Todavía no habían llegado por estos lares las cámaras frigoríficas
eléctricas. Las neveras se alimentaban con barras de hielo provenientes de la
fábrica de Juan Cáceres, Bigote, mientras
que los bebedores de vino entonces no eran delicados. A casi todos les daba igual
la temperatura a la que se lo servían.
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| Juan Cáceres y sus hijos, Joaquín y Manolo |
Mientras
tanto, Manuela, poco a poco, le fue cogiendo el tranquillo al tema
culinario. La carta no se había impreso todavía, por lo que las raciones y
tapas se escribían en pizarras publicitarias, aunque la mayoría de las veces se
cantaban a viva voz:
—Calamares,
gambas al ajillo, callos, mollejas, ensaladilla, boquerones en vinagre, montado
de cerdo, lomo en vela…
Cuando
llegaban las fiestas patronales, se añadían al repertorio las gambas cocidas,
traídas directamente de Huelva, en cajitas de madera, con buenas cantidades de
ácido bórico para su mejor conservación. Ocasionalmente, se ofrecían pajaritos
en salsa, muy demandados por la clientela, aunque al estar prohibido cazarlos
se anunciaban con eufemismos, tales como Los
que volaban o Voladores.
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| Manolo y Manuela en la Romería de La Morera |
Los días
29, 30 y 31 de julio, a los que había que añadir la víspera y el primer día de
agosto, tenían un aire especial, esperado por todos. Sorprendía ver la calle El Medio atiborrada de sillas y
veladores de madera plegables. Partiendo de la Plaza de las Palmeras hasta la
puerta del doctor Zarallo la ocupaba el Casino, mientras que la terraza del BAR
ESPAÑA llegaba desde dicha fachada hasta la Plaza Chica, donde, durante la
feria, la familia Naranjo instalaba los coches
chocantes.
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| Inés, Mercedes y Paulina, mi hermana. A la izquierda, Fernando Pérez Marqués |
La gran caja
registradora estaba de adorno, la contabilidad se llevaba en la oreja. En el
pabellón auditivo reposaba una tiza blanca, ligeramente húmeda, con las que el
camarero iba anotando las consumiciones en la barra. A algunos clientes no les
agradaba mucho, pero…. es lo que había.
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| Manolo, José Flores y su hermano Vicente. La tiza en la oreja |
Poco a
poco, las costumbres fueron cambiando, las grandes ciudades sacaron los
recintos feriales fuera del casco urbano. Que sucediera en los pequeños núcleos
de población sólo era cuestión de tiempo. Precisamente, este mes de julio se
cumplen treinta años desde que la Corporación municipal decidiera concentrar
todas las atracciones y casetas en el antiguo campo de fútbol, actualmente
ocupado por el Instituto de Secundaria.
Los
negocios de hostelería del centro tuvieron que reinventarse, no quedaba más
remedio. Después de un periodo de travesía por el desierto, la solución vino
desde la capital provincial. Y así nació la FERIA DE DÍA.
Charanga,
flamenco, trajes de sevillana, cerveza, manzanilla, rebujitos…, el resurgir de
la fiesta fue inmediato. Alguna que otra vez acabábamos empapados, tanto por
fuera como por dentro, en buena camaradería. Algún año vimos seriamente
preocupados a los feriantes.
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| Cartel de la feria de 2004 |
Los primeros
años del siglo XXI revolucionaron la cocina. Y ahí estuvo Antonia y el
restaurante LA TALEGA. En nuestro constante afán por aprender y ofrecer nuevos
platos hicimos bastante turismo gastronómico. De ahí salieron las taleguitas, los
rollitos de pechuga; la flor de pulpo embuchado; la bomba de patata, chorizo y
huevo frito; el atadillo de calabacín; el mini quiche de setas o la yema sobre
bizcocho de boletus. Tampoco descuidamos los productos locales, como las
patatas con revoltillos y morcilla lustre, el cochinillo en caldereta, las
patatas bravas, que Antonia las hacía con la receta cedida amablemente por el
inolvidable Loren. Antonia, cuando terminaba su faena seguía al pie del cañón,
ayudando si hacía falta o, actuando de sicóloga, si la ocasión lo requería.
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| Campeonato mundial de TAPAS. Valladolid, noviembre 2019 |
Actualmente,
la feria no motiva, estamos saturados de fiestas. Desde hace ya mucho tiempo
gran cantidad de familias aprovechan esos días para marcharse de vacaciones.
Determinados colectivos ciudadanos piden la vuelta a los orígenes, o sea que las
atracciones regresen a los centros de los pueblos, no obstante, eso será o no
será y a los que estamos aquí para disfrutar esta noche no nos corresponde
determinar.
Ya vamos terminando, a continuación, se procederá a la proclamación de los guapos y las guapas de este año 2024. Después vendrán los jeringos, los chocolates y demás menudencias. Cuando todo eso pase, os emplazo a tomaros un cubalibre en memoria de todos y con todos. O quizá debiera decir,
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| Budapest, mayo de 2022 |
Así que, antes de ponernos como el quico, no dirvos, sentarvos
y quedarvos un rato más. Muchas
gracias y que disfrutéis de estos días de fiesta.
¡¡¡VIVAN
LOS MAYORES, LAS MAYORES, LOS ABUELOS Y ESAS ABUELAS TAN GUAPAS!!!
Y, POR
SUPUESTO, ¡¡¡VIVA SANTA MARTA!!!




















