viernes, 30 de abril de 2021

EL FÚTBOL EN SANTA MARTA

SEGUNDA PARTE

Después de un tiempo, volvemos con la historia futbolística santamartense, aunque, antes de entrar en harina, debo dar las gracias a la familia Meleno González por su amabilidad al hacerme llegar un libro de notas titulado HISTORIAL CLUB DEPORTIVO SANTA MARTA, además de algunas fotos relacionadas con el equipo. En él, dos de los padres fundadores, Meleno y Porras, dejaron escrito para la posteridad sus impresiones de los primigenios encuentros del Club Deportivo Santa Marta. El cuaderno, que se salvó de un incendio por casualidad, me ha sido de gran utilidad para componer este segundo capítulo futbolístico. Una vez digitalizado, lo he devuelto a sus propietarios. Por todo ello, vuelvo a reiterar mi gratitud.

En el primer capítulo dejamos al equipo local compuesto y listo para el debut oficial. Este se produjo el 25 de octubre de 1970 contra el Atlético Pueblonuevo.

El primer tapón, zurrapa, que diría un castizo. La verdad es que no fue el estreno soñado. El equipo de las Vegas Bajas nos dio el primer sofocón. Se llevó la victoria por 1-3. La única alegría de la tarde la dio Enrique Sánchez Flores, autor del tanto santamarteño, convirtiéndose así en el primer goleador del Club Deportivo Santa Marta. La alineación que presentó el míster Juan Broncano fue la siguiente: Ortega; Niño, Bolsico, Ifi; G. Fernández, Pedrito; Rafa, Benegas, Sánchez Flores, Tena y Holguín.

ENRIQUE SÁNCHEZ FLORES
            
    Meleno y Porras, expertos en materia futbolística, observaron que al equipo le faltaban jugadores resolutivos en el área. Ni cortos ni perezosos se desplazaron a la capital provincial.  Allí los esperaba el farmacéutico Germán Meleno. Después de unos chatos en La Marina –o quizás en Mervic- consiguieron traer a dos jugadores, Juárez y Triviño, de los que tenían buenas referencias.
    La reacción no se hizo esperar. Al domingo siguiente llegó el primer triunfo, logrado gracias a los nuevos fichajes. ¿Adivinan quién fue la víctima? Efectivamente, nuestro padrino de bautizo, La Estrella santeña. Y es que no hay peor cuña que la misma madera.  Ese día, dos hermanos se enfrentaron, Antonio Alburquerque Romero, capitán del Santa Marta y Andrés, delantero centro de La Yeyi, recientemente fallecido. 
    No fue fácil la primera temporada. Las derrotas se sucedían, algunas con goleadas escandalosas, aunque todo quedó en segundo plano a finales de enero de 1971. Eolo sopló con una fuerza inusitada, derribando los débiles muros que rodeaban el recién estrenado recinto deportivo. Pudiera ser que fueran levantados con demasiada prisa y pocos cimientos. Los directivos santamartenses acudieron a la Federación Extremeña solicitando ayuda. El Hernando de Soto y el Mérida Industrial, en un gesto que les honraba, se ofrecieron para jugar un partido benéfico. Finalmente, el día de San José, enfrentó al equipo romano con el once de Barcarrota, líder de la Segunda Regional Preferente, que, en esa ocasión, se vio reforzado con destacados jugadores del campeonato. La Directiva local no escatimó esfuerzos con el fin de que los aficionados acudieran al encuentro. La llamada surtió efecto, registrándose una gran entrada.


    

La liga terminó de manera cruel. El Club Deportivo Santa Marta ocupó el farolillo rojo. Al ser muy corta la competición –recordamos que participaron diez conjuntos- una vez finalizada, se disputaba la Copa Federación y ahí nos tomamos la revancha. Unos cuantos fichajes, más que nada pensando en la siguiente temporada, y el ánimo de los aficionados se subió a las nubes: «Del conjunto que empezó la temporada sólo queda la sombra». El campeón Hernando de Soto fue barrido, tanto en «El Rodeo», por 0-4, como en nuestro estadio, donde le endosamos un set, 6-4. A pesar de la mejoría experimentada, el campeón de grupo fue el Fexnense, al que, asimismo, gano el Santa Marta. Los refuerzos habían surtido efecto. Este fue uno de los once de final de temporada: Ortega; Cabaña, Alburquerque, Casablanca, Carretero, Pedrito, Triviño, Víctor, Ramos, Nieto y Tarifa.

La criada salió respondona, escribió Meleno en su cuaderno de notas. Una clara declaración de intenciones, expresando los anhelos con los que el C. D. Santa Marta afrontaría el siguiente curso, pasando de cenicienta a princesa en los mentideros futbolísticos provinciales.

A pesar de la irregular temporada, todo el pueblo apoyaba al Santa, apelativo que hizo fortuna entre los aficionados. Cerca de ochocientos socios se apresuraron a sacar su carné de abonado. Una cifra exorbitante, sobre todo si tenemos en cuenta que el censo santamarteño había sufrido los azotes de la emigración. En 1970 la población local había bajado hasta cuatro mil habitantes.

La directiva estaba contenta con la plantilla, sin embargo, surgió la oportunidad de traer varios jugadores de contrastada valía. El portero Peláez, Pereira, un centrocampista con gran clase, y Balsera, un joven goleador, recalaron en la hospitalaria villa santamartense.

            

SÁNCHEZ IBÁÑEZ CON M. MELENO
    El primer éxito de la temporada se produjo en el I Torneo de Feria de Santa Marta. Invitado por el club, el colegiado internacional Pablo Sánchez Ibáñez ejerció de juez. El Santa se llevó el trofeo en un vibrante partido, resuelto a última hora por el médico morereño Paco Nieto. El Club Deportivo Zafra sucumbió por 3-2. En el equipo segedano figuraba Morgado, futbolista que posteriormente militó en el Real Madrid y Zaragoza.
    La senda victoriosa continuó en distintos torneos veraniegos, jugados con equipos de superior categoría, así como partidos amistosos. El comienzo liguero no hizo sino refrendar la pretemporada. Victorias espectaculares frente al Extremadura Atlético y La Estrella.
    Todo iba sobre ruedas, empero, un nubarrón inesperado surgió en forma de reclamación del equipo de Los Santos de Maimona. Los cementeros, que habían sucumbido por 1-4 en el campo, quisieron ganar en los despachos. Presentaron un escrito en la Federación Extremeña alegando que el C. D. Santa Marta había suplantado la identidad de un componente de la plantilla. Los amables lectores se preguntarán: ¿Cómo se hacía?
    En aquellos tiempos, imagino que de la misma forma que ahora, antes de comenzar los partidos, los delegados de los equipos contendientes visitaban el vestuario del equipo arbitral portando un archivador que contenía las fichas de los jugadores, titulares y suplentes, que iban a jugar el partido. Uno de ellos no había sido inscrito en la Federación, pudiera ser por falta de tiempo en tramitar la ficha, o bien porque los directivos querían observar la valía del jugador antes de realizar los trámites burocráticos. Los colegiados, rara vez recurrían al reconocimiento facial, así que el gato pasaba la prueba. ¿Llevaban razón los de La Estrella? Pudiera ser, aunque lo cierto fue que, esta vez, el recurso fue desestimado por falta de pruebas.
    La noticia fue celebrada por todo lo alto. El domingo, 31 de octubre de 1971, se produjo una de las mayores goleadas del club en sus más de cincuenta años de historia. El que suscribe tuvo la suerte de estar presente. Lobón pagó los platos rotos de la burocracia. En concreto diez chicharros. Merece la pena recordar ese once: Peláez, Gil Cabañas, Pedrito, Carrillo, Heredia, Paco, Carretero, Víctor Bravo, Pereira, Tarifa y Triviño. Este inolvidable delantero torreño anotó tres goles, mientras que Pereira, Tarifa y Carretero marcaron dos, siendo el restante, obra de Víctor Bravo.

    Los días que había partido, un poco antes de las cuatro de la tarde, la calleja Corona se asemejaba a la madrileña calle Preciados en Navidades. Un inmenso río de aficionados se dirigía al Estadio municipal deseosos de presenciar otra exhibición santamarteña. Las tardes domingueras se habían convertido en el acontecimiento semanal de la población. Con el fin de ilustrar a las nuevas generaciones y ubiquen dónde estaba el campo de fútbol: El estadio, bautizado con el nombre de Fernández Gragera, estaba situado en el lugar donde actualmente se asienta el Instituto Sierra Calera. El acceso era por la zona donde se ha construido el CID Tierra de Barros.

RÉCORD DE TAQUILLA.

Entre Barcarrota y Santa Marta existía una pugna que se remontaba a finales de los años cincuenta.  Las dos localidades se disputaron cuál de ellas albergaría un Colegio Libre Adoptado, donde se podían cursar estudios medios. Los barcarroteños echaron más carne en el asador y se llevaron las aulas a su pueblo, dejando a gran parte de los jóvenes santamartenses sin posibilidad de cursar estudios de Bachillerato. Aquellos polvos se convirtieron en barro futbolístico. Cuando el Hernando de Soto rendía visita, el partido se consideraba de máxima rivalidad y, en muchas ocasiones, se declaraba medio del club, lo que significaba que los socios tenían que pasar por taquilla.

A finales de febrero de 1972, el Fernández Gragera acogió un encuentro al que asistieron gran cantidad de aficionados de Barcarrota. Todos estos ingredientes dieron como resultado un récord de recaudación en taquilla, para alegría de los directivos.

-¡Pásmate Manolo, hemos batido el récord!

Suponemos que un exultante Porras le comunicó al presidente Meleno la cuantía exacta: 21.360 pesetas, unos 128,38 euros.

Desde nuestra óptica actual, esa cantidad puede parecer nimia, sin embargo, si utilizamos el valor de conversión de 1972 consultando el Instituto Nacional de Estadística, el dinero recaudado equivaldría, en la actualidad a 2.601,50 €. Ahora bien, si lo comparamos el precio de un pan, el valor aumenta considerablemente. A principios de los setenta, por una barra del alimento blanco se pagaban 3,50 pesetas (2 céntimos de euro), mientras que en 2021 importa 1,20 €. Con una simple división observamos que nuestras madres o abuelas hubieran podido adquirir hasta cincuenta y siete al precio actual. Si hacemos una operación matemática, la cantidad de lo ingresado ascendería hasta los 7.848 euros, una cifra bastante respetable. Era por tanto lógica la euforia de la Directiva santamarteña, coronada, además con un sufrido triunfo del equipo. Los jugadores participaron, asimismo, del botín, al ser premiada su victoria con una buena prima.

 LA VIDA COTIDIANA

               Antes de continuar dándole patadas al balón, sería conveniente dar unas pinceladas de 1972.

En España, la fiebre consumista estaba despegando. Todo se pagaba a plazos. Se firmaban letras de cambio para todo. Seis millones de televisores –en blanco y negro- poblaban el suelo patrio. Un frigorífico Kelvinator se podía adquirir en cómodos plazos desde 6.900 pesetas (41,50 €), mientras que por el coche popularizado por Estopa —Simca 1000—, se pagaban 108.900 pesetas (654,50 €). 


       Nuestra región se mostraba unida en la lucha por conseguir la Universidad, que llegaría un año más tarde, aunque dividida. Badajoz y Cáceres se quedaron con casi todo el pastel, dejando algo a Mérida y Plasencia.

El problema más arduo que tenía la localidad, ya referido, era la emigración. La población iba menguando a pasos agigantados. El villancico de moda, con la música de La Marimorena, era:

En mi vida he visto yo

lo que he visto esta mañana,

San José en el Sindicato

apuntándose a Alemania.

        Un ejemplo, de ochenta y tres jóvenes llamados a filas que habían nacido en Santa Marta, la mitad, cuarenta y dos, habían desertado del arado. A pesar de ello, el paro estacional de los obreros era enorme. A la falta de labores se unía las excesivas lluvias. La ancestral costumbre de convertir la plaza del pueblo en oficina de colocación seguía vigente. Por la tarde, los productores —eufemístico nombre dado durante la dictadura franquista a los jornaleros— poblaban La Perrunilla, esperando que el aperador de turno lo seleccionase para trabajar al día siguiente.

           El jornal mínimo, estaba en las 245 pesetas, empero, durante la recogida de aceituna, a destajo, podían llegar a ganar hasta 500 pesetas, pagando la empresa 2,17 pesetas por kilo. En las faenas de vendimia subía hasta 400 pesetas por jornada de ocho horas, aunque a destajo algunos conseguían hasta 900 pesetas.

           La cotización de la uva oscilaba entre 59 pesetas por arroba la de 14 grados, bajando hasta 45 cuando bajaba hasta los 10. La aceituna se pagaba a 17 pesetas el kilogramo.

               

            LOS QUINTOS

El segundo domingo de marzo, en pueblos y ciudades, se llevaban a cabo los reconocimientos de los futuros soldados, los quintos. Había que ir a la mili.

¡Pál Muriano! Pál Obejo! ¡Pá África! ¡Me ha tocado el Sahara, me c… en sus m…!

La costumbre era hacer una caldereta el sábado a la que acudían padres, hermanos, tíos, amigos… Después de toda la noche de farra, el domingo por la mañana, más madera, copas de anís, coñac, sol y sombra —nadie sabía lo que eran los chupitos—. A la hora de la revisión, muchos de ellos no podían con las amonestaciones.

Una de las canciones más entonadas:

Por una calle me voy, por la otra doy la vuelta, la que quiera ser mi novia, que tenga la puerta abierta. La que te parió, la que te parió, por mucho que te quiera, más te quiero yo…

Menos mal que el servicio militar pasó a mejor vida.

LA QUINTADA

Volviendo al terreno de juego. Ese mismo domingo por la tarde el C. D. Santa Marta jugaba en Zafra contra el colista. Alrededor de dos doscientos cincuenta aficionados se desplazaron hasta la villa segedana, esperanzados de continuar la buena racha de triunfos. Sin embargo, ese día, la moneda salió cruz. Varios jugadores santamartenses, después de una noche toledana, se presentaron bastante «perjudicados», mermadas sus facultades físicas por «La Quintada». Los jóvenes segedanos aprovecharon la circunstancia, amargándonos la tarde y privándonos de dos puntos que, a priori, se antojaban fáciles.

            CRONISTA FOROFO

La tarde que apabullamos a Lobón no fue la única ese año: Villafranca, San Francisco de Sales, Novelda…, sufrieron derrotas escandalosas en nuestro feudo. En los partidos en territorio comanche nuestros muchachos no caminaron solos, les acompañaban, como ya hemos comentado, más de doscientos forofos. Se hicieron míticos y recordados los gritos de ánimo de Ñoño Viñas: «Vamos Santa Marta»; así como la consigna de José Ignacio El Chato: «Hay que tirar», 

Memorable fue el triunfo en Jerez de los Caballeros sobre el Vasco Núñez. Mi añorado Víctor Caballero jugó ese partido. El cronista jerezano no escondió sus sentimientos verdinegros. Achacó el triunfo «a las nubes de polvo», que perjudicaron al equipo local. ¿Pudiera ser que los futbolistas santamartenses jugaran con gafas de motorista? Mientras tanto, nuestro corresponsal, Ignacio Fernández Cabañas, se inclinó por escribir: «Si queremos ceñirnos a la más estricta verdad, tenemos que decir que nuestros muchachos tuvieron una actuación brillantísima, no procediendo destacar a ninguno, ya que todos rayaron a gran altura. La tarde, aunque soleada a veces, estuvo ventosa y nubes de polvo invadieron el campo de juego». Más o menos como si escuchamos los distintos criterios de RAC 1 y Real Madrid Televisión a la hora de interpretar una jugada conflictiva. Los catalanes pensarán en blaugrana; los madridistas se inclinarán por el blanco.

            HIMNO DEL CLUB

Como todos los grandes equipos, el Club Deportivo Santa Marta necesitaba un himno. La orquesta Montecarlo de Badajoz, muy de moda entonces, se encargó de componerlo:

Es nuestro club muy poderoso

nadie le puede combatir

y hemos formado un gran equipo

para luchar y resistir

 

Todos cantamos y gritamos

que nuestro equipo es el mejor

todos queremos ayudarles

para que sea campeón

 

Club Deportivo Santa Marta

Club Deportivo sin rival

tienen los chicos de este equipo

clase y coraje sin igual

 

Club Deportivo Santa Marta

Club Deportivo sin igual

son sus muchachos campeones

vamos muchachos a ganar

SANTA SANTA MAR…..TA

La Directiva encargó unas octavillas que se repartieron por la localidad. La peña «La Tarra» tenía, asimismo, una cancioncilla, que sus componentes, sobre todo después de llenar el recipiente varias veces, cantaban con ardor y entusiasmo. Más o menos, decía así:

Si nos preguntan de dónde somos,

responderemos en alta voz, en alta voz,

somos de un pueblo muy chiquitito

que es Santa Marta y es el mejor.

Si nos preguntan qué si es bonito

responderemos en alta voz, en alta voz,

bonito no, bonito no,

pero vestimos de verde y blanco

y con los nuestros metemos gol, metemos gol.

LOS PITARRAS 
            

Muchos de los componentes de la peña antes mencionada, salieron de este equipo, Los Pitarras. Patrocinados por Loren Megías, jugaban partidos amistosos con los pueblos cercanos. Sus aspiraciones se limitaban a echar un buen rato jugando y después, una buena caldereta.

FREGENAL VERSUS SANTA MARTA

Durante toda la temporada, Frexnense y Santa Marta mantuvieron una dura pugna por ser campeón. En nuestro campo, heroico empate a dos de los verdiblancos, pues el equipo local jugó desde el minuto siete con un jugador menos, por expulsión de Pereira. Según el presidente, Manuel Meleno, la actuación arbitral fue desastrosa, anulando un gol válido a los locales, calificando, además, de injusta la tarjeta roja.

La visita a Fregenal a falta de cuatro partidos, se antojaba clave. En esta ocasión, la pluma del máximo dirigente local explica, desde su punto de vista, el desarrollo el encuentro:

«Partido que creemos decidirá mucho en este campeonato. Gran desplazamiento de seguidores para animar a nuestro equipo. Se temían mucho los dos y por eso hemos visto poco fútbol de ataque, además, las defensas se han impuesto a los delanteros». Al final, empate a uno con un poco de suerte, ya que los postes jugaron a favor nuestro. Sin embargo, hubo algo más que fútbol en la villa de la Sierra. Dos jugadores santamartenses, Carrillo y Pereira, recibieron varias «caricias» de jugadores frexnenses; no obstante, más dura fue la agresión que sufrieron el propio Manuel Meleno y el masajista, Rodríguez Gamito, por celebrar el gol del empate del Santa Marta. A pesar de ello, no hubo quejas a las altas instancias deportivas por parte de los damnificados.

Como vimos anteriormente, el acierto goleador durante toda la campaña fue portentoso. Hasta en 92 ocasiones el balón besó las redes contrarias, con el mérito añadido de lograrlo en 28 partidos. A pesar de ese excelente bagaje, no logró el ansiado campeonato. La liga terminó con los dos equipos empatados a 41 puntos.


 

Entonces, la victoria valía dos puntos, actualmente son tres, por lo que el C. D. Santa Marta hubiera ganado la liga, al cosechar una victoria más que los serranos, aunque ellos tenían dos empates más. En el siguiente desempate, siendo éste el válido, en aquella época se dividían los goles a favor por los encajados, saliendo vencedor el Frexnense por doce centésimas. Hoy día, se resuelve con la diferencia entre los tantos marcados y los recibidos, por lo que nuestro equipo hubiera, asimismo, conseguido el campeonato.

Para el presidente Meleno la clave estuvo en un encuentro ya referido aquí, «La Quintada». Sus palabras son esclarecedoras: «No podemos decir nada a estos jugadores que por una mala tarde perdieron el campeonato, pues nadie puede dudar de que Santa Marta sea mejor que Zafra, pero el día de Quintos nos costó ser campeones».  

EPÍLOGO

A pesar de la decepción, la vida continuaba. Las costumbres de los jóvenes santamartenses no tenían nada que ver con las diversiones actuales. Los sábados por la tarde tocaba paseo —calle El Medio arriba, calle El Medio abajo—, luego, generalmente, cine, o, en ocasiones, algún guateque, amenizado con un tocadiscos. Los domingos por la mañana la mayoría de las chicas iban a misa de doce, mientras los chavales esperaban a las puertas del templo. Una vez terminado el oficio, doblaban cuidadosamente el velo y ¡hala!, a pasear por la carretera general, la Boca del Lagarto…, los más osados llegaban hasta los pinos de la tía Curra.

Con el fin de informar a la parroquia, ilustraremos con la producción de vinos y de aceite de oliva en la campaña 1971-72. Hay que agradecer al incansable Ignacio Fernández Cabañas por darnos a conocer estas cifras de la campaña oleícola y vitivinícola. El total de aceituna molturada y orujo fue de 670.555 kilos, mientras que los vinos elaborados llegaron hasta los 4.332.920 litros. Como doctores tiene la Iglesia, en este caso la Cooperativa local, espero nos informen con la producción del último año, más que nada por comparar.

Y, para terminar, recordar a los niños y niñas que nacieron por esas fechas. Próximamente cumplirán el medio siglo. Sería prácticamente imposible mencionarlos a todos, empero, quisiera destacar a unos cuantos que, andando el tiempo, me han convencido de la buena cosecha de la temporada 1971-1972, convirtiéndose, además, en buenos amigos. Empezaremos por El Málaga, Juan José Escaño, la alegría, el baile, el quiebro y ese maravilloso pase con el exterior de su pie derecho; continuaremos con un matrimonio maravilloso, Demetrio, al cielo con ella; y Loli, con su sonrisa prístina; seguimos con Luis Miguel Cansado, todo pundonor y energía, y, last but not least, Juan Manuel Rangel Morera, -danos ya ESO, que nos tenemos que ir-.

Y ya está bien por hoy. Perdonen ustedes los anacolutos y no se olviden de un dicho muy referido por entonces: «Tira ya, que tienes más ardores que la vaca del Puti».

ENTIERRO DE LA SARDINA (HACE MUCHOS AÑOS)


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