El
primer tapón, zurrapa, que
diría un castizo. La verdad es que no
fue el estreno soñado. El equipo de las Vegas Bajas nos dio el primer sofocón.
Se llevó la victoria por 1-3. La única alegría de la tarde la dio Enrique
Sánchez Flores, autor del tanto santamarteño, convirtiéndose así en el primer
goleador del Club Deportivo Santa Marta. La alineación que presentó el míster
Juan Broncano fue la siguiente: Ortega; Niño, Bolsico, Ifi; G. Fernández,
Pedrito; Rafa, Benegas, Sánchez Flores, Tena y Holguín.
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| ENRIQUE SÁNCHEZ FLORES |
La liga
terminó de manera cruel. El Club Deportivo Santa Marta ocupó el farolillo rojo.
Al ser muy corta la competición –recordamos que participaron diez conjuntos-
una vez finalizada, se disputaba la Copa Federación y ahí nos tomamos la
revancha. Unos cuantos fichajes, más que nada pensando en la siguiente
temporada, y el ánimo de los aficionados se subió a las nubes: «Del conjunto
que empezó la temporada sólo queda la sombra». El campeón Hernando de Soto fue
barrido, tanto en «El Rodeo», por 0-4, como en nuestro estadio, donde le
endosamos un set, 6-4. A pesar de la mejoría experimentada, el campeón de grupo
fue el Fexnense, al que, asimismo, gano el Santa Marta. Los refuerzos habían
surtido efecto. Este fue uno de los once de final de temporada: Ortega; Cabaña, Alburquerque, Casablanca, Carretero,
Pedrito, Triviño, Víctor, Ramos, Nieto y Tarifa.
La criada salió respondona,
escribió Meleno en su cuaderno de notas. Una clara declaración de intenciones,
expresando los anhelos con los que el C. D. Santa Marta afrontaría el siguiente
curso, pasando
de cenicienta a princesa en los mentideros futbolísticos provinciales.
A pesar
de la irregular temporada, todo el pueblo apoyaba al Santa, apelativo que hizo fortuna entre los aficionados. Cerca de
ochocientos socios se apresuraron a sacar su carné de abonado. Una cifra
exorbitante, sobre todo si tenemos en cuenta que el censo santamarteño había
sufrido los azotes de la emigración. En 1970 la población local había bajado
hasta cuatro mil habitantes.
La directiva estaba contenta con la plantilla, sin embargo,
surgió la oportunidad de traer varios jugadores de contrastada valía. El
portero Peláez, Pereira, un centrocampista con gran clase, y Balsera, un joven
goleador, recalaron en la hospitalaria villa santamartense.
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| SÁNCHEZ IBÁÑEZ CON M. MELENO |
RÉCORD DE TAQUILLA.
Entre Barcarrota y Santa Marta existía una pugna que se remontaba a finales de los años cincuenta. Las dos localidades se disputaron cuál de ellas albergaría un Colegio Libre Adoptado, donde se podían cursar estudios medios. Los barcarroteños echaron más carne en el asador y se llevaron las aulas a su pueblo, dejando a gran parte de los jóvenes santamartenses sin posibilidad de cursar estudios de Bachillerato. Aquellos polvos se convirtieron en barro futbolístico. Cuando el Hernando de Soto rendía visita, el partido se consideraba de máxima rivalidad y, en muchas ocasiones, se declaraba medio del club, lo que significaba que los socios tenían que pasar por taquilla.
A
finales de febrero de 1972, el Fernández Gragera acogió un encuentro al que
asistieron gran cantidad de aficionados de Barcarrota. Todos estos ingredientes
dieron como resultado un récord de recaudación en taquilla, para alegría de los
directivos.
-¡Pásmate
Manolo, hemos batido el récord!
Suponemos
que un exultante Porras le comunicó al presidente Meleno la cuantía exacta: 21.360
pesetas, unos 128,38 euros.
Desde nuestra óptica actual, esa cantidad puede parecer nimia, sin embargo, si utilizamos el valor de conversión de 1972 consultando el Instituto Nacional de Estadística, el dinero recaudado equivaldría, en la actualidad a 2.601,50 €. Ahora bien, si lo comparamos el precio de un pan, el valor aumenta considerablemente. A principios de los setenta, por una barra del alimento blanco se pagaban 3,50 pesetas (2 céntimos de euro), mientras que en 2021 importa 1,20 €. Con una simple división observamos que nuestras madres o abuelas hubieran podido adquirir hasta cincuenta y siete al precio actual. Si hacemos una operación matemática, la cantidad de lo ingresado ascendería hasta los 7.848 euros, una cifra bastante respetable. Era por tanto lógica la euforia de la Directiva santamarteña, coronada, además con un sufrido triunfo del equipo. Los jugadores participaron, asimismo, del botín, al ser premiada su victoria con una buena prima.
Antes de continuar dándole
patadas al balón, sería conveniente dar unas pinceladas de 1972.
En España, la fiebre consumista estaba despegando.
Todo se pagaba a plazos. Se firmaban letras de cambio para todo. Seis millones
de televisores –en blanco y negro- poblaban el suelo patrio. Un frigorífico
Kelvinator se podía adquirir en cómodos plazos desde 6.900 pesetas (41,50 €), mientras que por el coche popularizado
por Estopa —Simca 1000—, se pagaban 108.900 pesetas (654,50 €).
Nuestra región se mostraba unida en la lucha por conseguir la Universidad, que llegaría un año más tarde, aunque dividida. Badajoz y Cáceres se quedaron con casi todo el pastel, dejando algo a Mérida y Plasencia.
El problema más arduo que tenía la localidad, ya referido, era la
emigración. La población iba menguando a pasos agigantados. El villancico de
moda, con la música de La Marimorena,
era:
En mi vida he visto yo
lo que he visto esta mañana,
San José en el Sindicato
apuntándose a Alemania.
Un ejemplo, de ochenta y tres
jóvenes llamados a filas que habían nacido en Santa Marta, la mitad, cuarenta y
dos, habían desertado del arado. A
pesar de ello, el paro estacional de los obreros era enorme. A la falta de
labores se unía las excesivas lluvias. La ancestral costumbre de convertir la
plaza del pueblo en oficina de colocación seguía vigente. Por la tarde, los
productores —eufemístico nombre dado durante la dictadura franquista a los
jornaleros— poblaban La Perrunilla, esperando
que el aperador de turno lo seleccionase para trabajar al día siguiente.
El jornal mínimo, estaba en las
245 pesetas, empero, durante la recogida de aceituna, a destajo, podían llegar
a ganar hasta 500 pesetas, pagando la empresa 2,17 pesetas por kilo. En las
faenas de vendimia subía hasta 400 pesetas por jornada de ocho horas, aunque a
destajo algunos conseguían hasta 900 pesetas.
La cotización de la uva oscilaba
entre 59 pesetas por arroba la de 14 grados, bajando hasta 45 cuando bajaba
hasta los 10. La aceituna se pagaba a 17 pesetas el kilogramo.
LOS QUINTOS
El segundo domingo de marzo, en pueblos y ciudades, se
llevaban a cabo los reconocimientos de los futuros soldados, los quintos. Había
que ir a la mili.
¡Pál
Muriano! Pál Obejo! ¡Pá África! ¡Me ha tocado el Sahara, me c… en sus m…!
La costumbre era hacer una caldereta el sábado a la que
acudían padres, hermanos, tíos, amigos… Después de toda la noche de farra, el
domingo por la mañana, más madera, copas de anís, coñac, sol y sombra —nadie
sabía lo que eran los chupitos—. A la hora de la revisión, muchos de ellos no
podían con las amonestaciones.
Una de las canciones más entonadas:
Por una
calle me voy, por la otra doy la vuelta, la que quiera ser mi novia, que tenga
la puerta abierta. La que te parió, la que te parió, por mucho que te quiera,
más te quiero yo…
Menos mal que el servicio militar pasó a mejor vida.
LA QUINTADA
Volviendo al terreno de juego. Ese mismo domingo por la
tarde el C. D. Santa Marta jugaba en Zafra contra el colista. Alrededor de dos doscientos
cincuenta aficionados se desplazaron hasta la villa segedana, esperanzados de
continuar la buena racha de triunfos. Sin embargo, ese día, la moneda
salió cruz. Varios jugadores santamartenses, después de una noche toledana, se
presentaron bastante «perjudicados», mermadas sus facultades físicas por «La
Quintada». Los
jóvenes segedanos aprovecharon la circunstancia, amargándonos la tarde y
privándonos de dos puntos que, a priori, se antojaban fáciles.
CRONISTA FOROFO
La tarde que apabullamos a Lobón no fue la única ese año: Villafranca, San Francisco de Sales, Novelda…, sufrieron derrotas escandalosas en nuestro feudo. En los partidos en territorio comanche nuestros muchachos no caminaron solos, les acompañaban, como ya hemos comentado, más de doscientos forofos. Se hicieron míticos y recordados los gritos de ánimo de Ñoño Viñas: «Vamos Santa Marta»; así como la consigna de José Ignacio El Chato: «Hay que tirar»,
Memorable
fue el triunfo en Jerez de los Caballeros sobre el Vasco Núñez. Mi añorado
Víctor Caballero jugó ese partido. El cronista jerezano no escondió sus
sentimientos verdinegros. Achacó el triunfo «a las nubes de polvo», que
perjudicaron al equipo local. ¿Pudiera ser que los futbolistas santamartenses
jugaran con gafas de motorista? Mientras tanto, nuestro corresponsal, Ignacio
Fernández Cabañas, se inclinó por escribir: «Si queremos ceñirnos a la más estricta verdad,
tenemos que decir que nuestros muchachos tuvieron una actuación brillantísima,
no procediendo destacar a ninguno, ya que todos rayaron a gran altura. La
tarde, aunque soleada a veces, estuvo ventosa y nubes de polvo invadieron el
campo de juego». Más o menos como si escuchamos los distintos criterios de RAC
1 y Real Madrid Televisión a la hora de interpretar una jugada conflictiva. Los
catalanes pensarán en blaugrana; los madridistas se inclinarán por el blanco.
HIMNO DEL CLUB
Como todos
los grandes equipos, el Club Deportivo Santa Marta necesitaba un himno. La
orquesta Montecarlo de Badajoz, muy de moda entonces, se encargó de componerlo:
Es nuestro club muy poderoso
nadie le puede combatir
y hemos formado un gran equipo
para luchar y resistir
Todos cantamos y gritamos
que nuestro equipo es el mejor
todos queremos ayudarles
para que sea campeón
Club Deportivo Santa Marta
Club Deportivo sin rival
tienen los chicos de este equipo
clase y coraje sin igual
Club Deportivo Santa Marta
Club Deportivo sin igual
son sus muchachos campeones
vamos muchachos a ganar
SANTA SANTA MAR…..TA
La Directiva
encargó unas octavillas que se repartieron por la localidad. La peña «La Tarra»
tenía, asimismo, una cancioncilla, que sus componentes, sobre todo después de
llenar el recipiente varias veces, cantaban con ardor y entusiasmo. Más o
menos, decía así:
Si nos preguntan de dónde somos,
responderemos en alta voz, en alta voz,
somos de un pueblo muy chiquitito
que es Santa Marta y es el mejor.
Si nos preguntan qué si es bonito
responderemos en alta voz, en alta voz,
bonito no, bonito no,
pero vestimos de verde y blanco
y con los nuestros metemos gol, metemos gol.
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| LOS PITARRAS |
Muchos de los
componentes de la peña antes mencionada, salieron de este equipo, Los Pitarras. Patrocinados por Loren Megías,
jugaban partidos amistosos con los pueblos cercanos. Sus aspiraciones se
limitaban a echar un buen rato jugando y después, una buena caldereta.
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FREGENAL
VERSUS SANTA MARTA Durante
toda la temporada, Frexnense y Santa Marta mantuvieron una dura pugna por ser
campeón. En nuestro campo, heroico empate a dos de los verdiblancos, pues el
equipo local jugó desde el minuto siete con un jugador menos, por expulsión de
Pereira. Según el presidente, Manuel Meleno, la actuación arbitral fue
desastrosa, anulando un gol válido a los locales, calificando, además, de injusta
la tarjeta roja. La
visita a Fregenal a falta de cuatro partidos, se antojaba clave. En esta
ocasión, la pluma del máximo dirigente local explica, desde su punto de vista,
el desarrollo el encuentro: «Partido
que creemos decidirá mucho en este campeonato. Gran desplazamiento de
seguidores para animar a nuestro equipo. Se temían mucho los dos y por eso
hemos visto poco fútbol de ataque, además, las defensas se han impuesto a los
delanteros». Al final, empate a uno con un poco de suerte, ya que los postes
jugaron a favor nuestro. Sin embargo, hubo algo más que fútbol en la villa de
la Sierra. Dos jugadores santamartenses, Carrillo y Pereira, recibieron varias
«caricias» de jugadores frexnenses; no obstante, más dura fue la agresión que
sufrieron el propio Manuel Meleno y el masajista, Rodríguez Gamito, por
celebrar el gol del empate del Santa Marta. A pesar de ello, no hubo quejas a
las altas instancias deportivas por parte de los damnificados. Como vimos anteriormente, el acierto goleador durante toda la campaña fue portentoso. Hasta en 92 ocasiones el balón besó las redes contrarias, con el mérito añadido de lograrlo en 28 partidos. A pesar de ese excelente bagaje, no logró el ansiado campeonato. La liga terminó con los dos equipos empatados a 41 puntos. |
Entonces,
la victoria valía dos puntos, actualmente son tres, por lo que el C. D. Santa
Marta hubiera ganado la liga, al cosechar una victoria más que los serranos,
aunque ellos tenían dos empates más. En el siguiente desempate, siendo éste el
válido, en aquella época se dividían los goles a favor por los encajados,
saliendo vencedor el Frexnense por doce centésimas. Hoy día, se resuelve con la
diferencia entre los tantos marcados y los recibidos, por lo que nuestro equipo
hubiera, asimismo, conseguido el campeonato.
Para el
presidente Meleno la clave estuvo en un encuentro ya referido aquí, «La
Quintada». Sus palabras son esclarecedoras: «No podemos decir nada a estos
jugadores que por una mala tarde perdieron el campeonato, pues nadie puede
dudar de que Santa Marta sea mejor que Zafra, pero el día de Quintos nos costó
ser campeones».
EPÍLOGO
A pesar
de la decepción, la vida continuaba. Las costumbres de los jóvenes
santamartenses no tenían nada que ver con las diversiones actuales. Los sábados
por la tarde tocaba paseo —calle El Medio arriba, calle El Medio abajo—, luego,
generalmente, cine, o, en ocasiones, algún guateque, amenizado con un
tocadiscos. Los domingos por la mañana la mayoría de las chicas iban a misa de
doce, mientras los chavales esperaban a las puertas del templo. Una vez
terminado el oficio, doblaban cuidadosamente el velo y ¡hala!, a pasear por la
carretera general, la Boca del Lagarto…,
los más osados llegaban hasta los pinos de la tía Curra.
Con el
fin de informar a la parroquia, ilustraremos con la producción de vinos y de
aceite de oliva en la campaña 1971-72. Hay que agradecer al incansable Ignacio
Fernández Cabañas por darnos a conocer estas cifras de la campaña oleícola y
vitivinícola. El total de aceituna molturada y orujo fue de 670.555 kilos, mientras
que los vinos elaborados llegaron hasta los 4.332.920 litros. Como doctores
tiene la Iglesia, en este caso la Cooperativa local, espero nos informen con la
producción del último año, más que nada por comparar.
Y, para
terminar, recordar a los niños y niñas que nacieron por esas fechas. Próximamente
cumplirán el medio siglo. Sería prácticamente imposible mencionarlos a todos,
empero, quisiera destacar a unos cuantos que, andando el tiempo, me han convencido
de la buena cosecha de la temporada 1971-1972, convirtiéndose, además, en buenos
amigos. Empezaremos por El Málaga,
Juan José Escaño, la alegría, el baile,
el quiebro y ese maravilloso pase con el exterior de su pie derecho;
continuaremos con un matrimonio maravilloso, Demetrio, al cielo con ella; y Loli, con su sonrisa prístina; seguimos con
Luis Miguel Cansado, todo pundonor y energía, y, last but not least, Juan Manuel Rangel Morera, -danos ya ESO, que
nos tenemos que ir-.
Y ya
está bien por hoy. Perdonen ustedes los anacolutos y no se olviden de un dicho
muy referido por entonces: «Tira ya, que
tienes más ardores que la vaca del Puti».
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| ENTIERRO DE LA SARDINA (HACE MUCHOS AÑOS) |











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