lunes, 1 de febrero de 2021


 

EL FÚTBOL EN SANTA MARTA

LOS ORÍGENES

            Me gusta el fútbol, los domingos por la tarde…, cantaban Los Inhumanos publicitando en televisión el canal pionero de pago de este deporte. Si no eras abonado, veías una especie de cortinilla por la que algunos avezados intentaban atisbar por dónde iba la pelota. Por aquellos años El Santa luchaba por ascender de categoría en un campo totalmente embarrado en invierno, justo donde actualmente se encuentra el Instituto Sierra Calera.

La afición al fútbol en nuestra localidad se remonta a más de cien años atrás.  La explicación más plausible es que viniera a la par que la explotación de las minas. Partiendo de los orígenes, llegaremos al puerto largamente ansiado, la fundación del Club Deportivo Santa Marta. Hasta llegar ahí, muchos fueron los que lucharon por fundar un club que compitiera federativamente. ¡Cuántos años y futbolistas frustrados se quedaron por el largo camino! Con el fin de recordarlos, recorreremos gran parte del siglo XX, unas veces driblando, como fino estilista, mientras que en otras ocasiones habrá que utilizar la táctica del patadón y tentetieso. Para ello me basaré principalmente en reportajes periodísticos y algunas entrevistas orales.

            Las primeras noticias aparecidas en la prensa relacionadas con el juego de caballeros nos transportan al lejano 1911. Ya por entonces, los vecinos, se lamentaban que los mozalbetes molestaban a los viandantes que paseaban por el atrio de la ermita. Las dificultades para practicarlo fueron una constante. Las eras eran los lugares preferidos, hasta que aparecían los pastores o los temibles guardas de campo.  En las calles -barro en invierno, polvo en verano- asimismo se jugaba, siempre y cuando hubiera pelota y el dueño del esférico no se disgustara por no salir elegido en la alineación titular.

La primigenia crónica con la que contamos data de 1926. En el periódico pacense Correo de la Mañana, el polifacético maestro Francisco Jariego deleitó a los santamartenses con un relato del que destacamos:

    

UN NUEVO TRIUNFO DEL DEPORTIVO SANTA MARTA.

El domingo 7 [de marzo], como estaba convenido, tuvo lugar el encuentro amistoso entre los equipos Juventud F. C., de la Fuente y el Deportivo Santa Marta.

[…] El nuestro lo componían Corcobado, que hizo por vez primera aquella tarde de portero; Estévez y Benavente, de defensas; Montaño, Santos y Domínguez, como medios, y Torres, Flores, Sampelayo, Moreno y Reyes, de delanteros.

Dio comienzo la lucha a las cuatro y media, notándose desde un principio que dominaban los nuestros, pues no salía el esférico de la meta de los contrarios, en la que llovían los balonazos, que hábilmente paraba, con asombro de todos, su valiente portero. […] Los santamarteños nos entusiasmaron, jugando aquella tarde como nunca, no desperdiciando ocasión de lucirse, combinando bien y marcando en el primer tiempo un tanto que no dio válido el árbitro, señor Jariego, porque hubo una carga por la espalda, ilegal, de los contrarios, que tuvo necesariamente que castigar. No obstante, crece el entusiasmo por parte de los nuestros que, con coraje, persiguen la pelota, y siguen la lucha enconada con los fontaneses que, no logran marcar un tanto porque nuestro guardameta improvisado resulta tan valiente como el suyo: no tiene miedo a los chuts que le dirigen, parando diestramente unos y por fortuna otros, con lo que logra arrancar aplausos del público para su persona, que está cada vez más animado. Un ataque oportuno de nuestro defensa Benavente nos libra de perder un tanto, y seguido a esto suspende el árbitro por diez minutos el juego. Han salido heridos el defensa antes citado y también el delantero Reyes. Decae el ánimo de los espectadores por unos instantes, pero como vuelven al campo los dos jugadores heridos una vez curados, otra vez aplauden todos y se exteriorizan en manifestaciones de entusiasmo. En el segundo tiempo, que resultó aún más animado que el anterior, vemos crecerse de pronto el guardameta forastero. Y sigue la emoción, pero no vale de nada esta valentía, este arrojo para los nuestros que, ansiosos de la victoria, tratan de lograrla y la consiguen, marcando un goal preciso el extremo Reyes, que remata el interior Moreno, con un chut de los suyos, enorme, que rasga por fin el misterio de la meta, aquella meta que parecía tener embrujada el pequeño portero de semblante enjuto y de ojos brillantes, que parecía todo menos un niño.

Estos encuentros eran de carácter amistoso, sin que ninguno de los contendientes estuviera federado. Unos años más tarde, en 1930, comenzó la rivalidad con Villalba. Si jugaban en Santa Marta, ganaban los locales, mientras que en territorio villalbero, casi siempre, nos mojaban la oreja. La polémica surgió cuando nuestros vecinos decidieron no presentarse a jugar un partido en territorio santamartense. Al parecer, había llegado a conocimiento del Villalbense, que los locales iban a estar reforzados por varios jugadores de la capital provincial. Según el cronista, «no nos atrevemos a asegurar que hubiese miedo en los de Villalba; pero sí una cantidad muy regular de escasez de sinceridad». Asimismo, le achacaban que ellos recurrieran, en alguna ocasión, a Niño, jugador de Almendralejo. Terminaba escribiendo: «En fin, un partido menos, y una ocasión menos, por tanto, de que los aficionados presencien un encuentro deportivo, de los que tanto escaseamos por acá».

Con el fin de conocer a los pioneros de este deporte en Santa Marta, aquí están los que jugaron el primer partido: Faustino Corcobado, Baldomero Carvajal, Antonio Parras, Rafael Cáceres, Antonio Gaspar, Emilio Martínez, Máximo Olivera, Francisco Martínez, Ricardo Sampelayo, José López y Jerónimo Núñez.

En el segundo disponemos, asimismo, de las formaciones de los dos equipos. Por parte del Deportivo Villalbense: Cuesta; Jaramago, Fernández; Casillas, Niño, Lavado; Valero, Nieto, Cabañas (capitán), Jesualdo y Bote.

Unión Sporting Santa Marta: Gamero; González, Ramírez; Lagarto, Martínez II, Carvajal; Martínez I, Fernández, Olivera I, Marín y Olivera II (capitán).

En la época republicana languideció la competencia deportiva. Unos y otros estaban a otros asuntos. Algún amistoso contra un equipo de Almendralejo, desplazamiento a Almendral, partidos entre equipos locales; en resumen, el deporte, dadas las circunstancias, había quedado en segundo plano.

De izquierda a derecha:  De pie: Desconocido, Toni Baños, Ernesto Domínguez, Guardameta bancario, Calero y Agustín Reyes. En cuclillas: «Currinchi», Perico «Morgan», Durán «Sheriff», Agustín Baños y José Viñas.

AÑOS CINCUENTA. ESPÓRADICOS PARTIDOS AMISTOSOS.

Durante la dura posguerra, los pensamientos iban encaminados a tratar de sobrevivir. El maestro Félix Cervera, en ocasiones esporádicas, organizaba partidos amistosos patrióticos con el equipo juvenil del Frente de Juventudes.

Ya en la década de los cincuenta, se fueron prodigando los encuentros contra poblaciones vecinas. Villalba, Almendral, La Fuente, Barcarrota, Almendralejo… Nuestro team salía victorioso, al igual que en los años treinta, invariablemente, cuando actuaba de local, quizás empujados por la afición, empero, los viajes, parece ser, que no le sentaban bien. Una derrota que escoció especialmente sucedió en Fregenal. En un partido juvenil, los frexnenses se entretuvieron en endosarnos nada menos que once goles. Sirva como excusa la acusación santamartense de alineación de algunos gatos por parte de los de la Sierra. Digamos para los no avezados en lides futbolísticas: Se consideran gatos a los que se supone han pasado la edad junior, medida por entonces por la barba y el vello en las piernas.

La mayoría de los partidos se jugaban en la era de Pajaba, situada a las afueras del pueblo, saliendo dirección Zafra a la izquierda, acaso por estar el terreno más llano que otras, que ofrecían grandes desniveles.

Entre 1954 y 1958 hubo un paréntesis en el que apenas disputaron partidos. Sirva como excusa que muchos de los jugadores marcharon a hacer el servicio militar. Cundió el desánimo, tanto que en algún partido no consiguieron reunir once futbolistas y aunque, según Helenio Herrera, se jugaba mejor con diez que con once, los fracasos deportivos se sucedían.

Arriba: Manolo Pozas, José Portillo, José Utrero Montero, Juan Broncano y Josele «El Tuerto».
Abajo: Paco Baños, Bartolo, Teodoro Durán «El Sheriff», José Viñas, Perico «El Morgan» y Joaquín Utrero Martínez.

AÑOS SESENTA. SUEÑOS DE COMPETIR.

Las primeras tentativas de formar un equipo federado se produjeron a principios de los años sesenta. Ignacio Fernández Cabañas, siempre incansable, siempre machacando en hierro frío, pedía, desde las columnas de Hoy, la celebración de partidos amistosos que desembocaran en formalizar la inscripción en la Federación Extremeña de Fútbol. En el Bar Cáceres, -los bares, siempre los bares- regentado por Pedro Cáceres y en la actualidad ocupado por las oficinas de Asaja, se celebró una reunión para ese fin. De allí salió una Junta Directiva encabezada por el médico José Zarallo. El resto de los rectores elegidos fueron: vicepresidente, Julián Utrero; secretario, Manuel Díaz Sánchez; tesorero, Germán Meleno Rodríguez; y como vocales, Teodoro Bernáldez, Manuel Pozas, Eduardo Rodríguez, Miguel García, Manuel Meleno y Francisco González. Fijaron incluso, tres tipos de cuotas: caballeros, señoritas e infantiles. Lamentablemente, esta propuesta se esfumó como el humo de los cigarrillos caldo de gallina que devoraba el presidente, un hombre recordado con gran cariño.

Pedro «Morgan»
Teodoro «Sheriff»



    A pesar de la decepción, dos jugadores santamartenses destacaban por encima de los demás. Los ojeadores de Zafra se fijaron en Teodoro Durán, alias El Sheriff, pudiera ser por sus dotes de mando y capacidad defensiva. A la ciudad segedana se desplazaba en moto, siendo acompañado en alguna ocasión por Pedro Corchero, conocido como Morgan, un chico flacucho que destacaba por su rapidez, buen manejo del balón y una excelente puntería de cara al gol. Al Morgan, que participaba en los entrenamientos, le ofrecieron la posibilidad de enrolarse en el conjunto zafrense, sin embargo, las dificultades para trasladarse, entre otras, le hicieron declinar la oferta. Tampoco el Sheriff aguantó mucho.  

PACHANGAS CON LOS PUEBLOS VECINOS

Otro de los «estadios» donde se celebraban encuentros estaba situada en la explanada situada en lo más alto de la población. El depósito de las aguas, inaugurado en 1962, disponía de un terreno acorde para la práctica del fútbol.  En la actualidad se encuentra prácticamente escondido detrás de las naves del Gurugú, anteriormente denominada Dehesa Martín Gil. El campo, bautizado, como no podía ser de otra manera, de «Las Aguas», acogió varios partidos en poco tiempo. 

Depósito de Aguas

        Una selección de Solana y Corte de Peleas salió goleada por el equipo local, al igual que el Athletic Salvatierra. Ambos partidos terminaron con 6-1. Asimismo, contamos con la alineación local: Tony Santiago; Bartolo, Quintana, Gory [Pinillos]; Manolo Cuba, Utrero II; Utrero I, Andrés [Alburquerque], Tony Baños, Ritoré y Perico [Morgan]. Los autores de los tantos fueron Perico (3), Tony Baños (2) y Andrés (1). Unos meses después, en la devolución de visita a los solaneros, nuevamente ganó nuestro equipo, 1-3, anotando los mismos goleadores. Deducimos que Morgan era nuestra gran figura, algo así como Cristiano Ronaldo, aunque, es un suponer, bastante peor pagado.

Parte superior: Con traje, Alejandro «Aboma», Toni Santiago, Manolo Pozas, Juan Broncano, Gori Pinillos, Toni Baños, Josele «Casino» y Manolo Alor animando.
Parte inferior: Andrés Alburquerque, Paco Baños, Manolo Meleno, Teodoro Durán y Pedro Escobar


Durante los años sesenta se sucedieron los amistosos. Fuente del Maestre, La Albuera, Entrín… El corresponsal entrinero del diario Hoy se mostraba eufórico con las victorias sobre Santa Marta. Se pueden contar hasta tres en poco tiempo, eso sí, cuando cogió el silbato el inolvidable José Rodríguez Gamito, El Tuerto, la victoria se decantó ampliamente hacia la Sierra de la Calera. En desagravio a mis amigos de ese pueblo tan cercano y querido, escribiré la formación de Entrín Bajo: Enrique, Lote, Comerón, Tarallo, Isidro, Saeta, Nicolás, Evelio, Majón, Vicente y Tomás.

            FÚTBOL CALLEJERO

            A falta de pan… La alarmante falta de instalaciones en las que practicar, no sólo el fútbol, sino cualquier deporte, hacía que las calles se convirtieran en improvisadas canchas. Se escogían unas cuantas piedras, y ya teníamos porterías virtuales. Esto acarreaba problemas de mediciones a ojo de buen cubero:

–Eso ha sido gol.

–¡Anda ya! Ha pasado alta; además, nuestro portero es muy chiquinino y a esa pelota no llegaba.

-Pos entonces me llevo el CURTIX, que es mío.

-Venga hombre. Bueno, vale, lo damos como gol.

En algunas ocasiones, y como no había VAR, la discusión derivaba en algo más que palabras. Los mismos pedruscos servían para empezar un apedreo entre los equipos rivales.


            


Pero entonces, llegó el comandante y mandó parar. El alcalde Gragera, alarmado por las quejas de los vecinos, no estaba dispuesto a consentir que los mozalbetes jugaran a la pelota en la vía pública. Para ello autorizó a los municipales a sancionar con el fin de cortar de raíz el problema.

Acuciados por la situación —ni en las eras, ni en las calles— un grupo de adolescentes escribió una carta mecanografiada al entonces Delegado Nacional de Deportes, Juan A. Samaranch, solicitando material y un lugar donde poder darle patadas al balón. El Señor de los Anillos, que consiguió llevar los Juegos Olímpicos a su ciudad natal, no tuvo el detalle de contestar a unos chavales de un pueblo perdido extremeño; aunque también pudiera darse el caso que ni siquiera llegara a leer la misiva. Algunos de los ilusos chicos del MOLUNA, –acrónimo de las calles Molino y Luna- internos en los Maristas de Badajoz, venían deslumbrados de los campos de deporte del colegio pacense; por ese motivo pensaban que Santa Marta podría tener algún terreno donde colocar unas porterías de reglamento. El ímpetu juvenil pudo más que la cabeza. Nos saltamos el escalafón reglamentario. El cuestionario de 1962 del Instituto de Estudios de Administración Local no invitaba, precisamente, al optimismo. Las frías estadísticas eran demoledoras. Ni parques, ni jardines, ni campos municipales de deporte. Cero patatero en instalaciones deportivas.


FUNDACIÓN DEL CLUB DEPORTIVO SANTA MARTA

Poco a poco, la situación deportiva fue mejorando. A primeros de agosto de 1970, un grupo de entusiastas, encabezados por Manuel Meleno Ramírez y tutelados por el alcalde Francisco F. Gragera, celebraron una reunión en la que se propusieron fundar un club de fútbol con el fin de competir en Segunda Regional, cuya liga comenzaría a finales de octubre. El acto tuvo lugar en la antigua sede del Sindicato Católico Agrario, entonces Hermandad Sindical de Labradores, y actualmente propiedad del Ayuntamiento, en su planta alta.

Comenzaron por elegir una Junta Directiva fundacional. Una vez efectuada la votación, fueron elegidos:

Presidente de honor, Francisco Fernández Gragera; presidente en funciones, Manuel Meleno Ramírez; vicepresidente, Miguel García Becerra; secretario, Antonio Porras Fernández; vicesecretario, Manuel Franganillo; tesorero, Diego Trigo Leal; vicetesorero, Francisco González Núñez; vocales: Ernesto Domínguez Pérez, Siro Cadaval Franqueza, Germán Meleno Rodríguez; director técnico, Juan Broncano Jiménez; ayudante del director técnico, José Antonio Muñoz Viñas; encargados de la cantera de juveniles, Teodoro y  Juan Antonio Bernáldez Flores y Francisco Baños Lillo.

A continuación, se debatió cuáles serían los colores de la equipación del club: Camiseta, color verde pastel; pantalón blanco y medias blancas con vuelta verde pastel. Como bien sabemos, esta vestimenta no perduró en el tiempo. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que duró, más o menos, lo que a mi nieto Lucas una gominola en su cuenca metacarpiana. Cuentan las lenguas antiguas, que Germán Meleno, reconocido aficionado del Betis, impuso su criterio sobre su primo Manolo, simpatizante del Sevilla. La camiseta blanquiverde, a lo largo de los años, se ha convertido en una seña de identidad del equipo santamartense.


           
Volviendo a la reunión fundacional, los nuevos rectores animaron a la concurrencia a hacerse socios. La cuota quedó fijada en 20 pesetas mensuales [12 céntimos de euro] los adultos, mientras que las féminas y los infantiles pagarían 10 pesetillas [6 céntimos]. Otra de las tareas encomendadas consistió en desplazarse a la capital provincial con el fin de inscribir la nueva institución en la Federación Extremeña de Fútbol.

Cerró el acto el máximo regidor Gragera. Prometió que el terreno de juego corría de cuenta del Ayuntamiento, asegurando, además, que la primera temporada tendría que ser abierto, esperando vallarlo para el segundo curso, dotándolo de «lo indispensable para celebrar encuentros de fútbol».

Las primeras manifestaciones del recién nombrado presidente, Manolo Meleno, fueron encaminada a expresar su satisfacción por el entusiasmo de los aficionados, incidiendo en la hospitalidad santamartense y ofreciendo hermanarse deportivamente con otras localidades. Al mismo tiempo, expresó que contaban con una plantilla compuesta casi exclusivamente con jugadores locales, sin descartar la incorporación de «algunos elementos» de otros pueblos. La aspiración era quedar en buen lugar en el campeonato. En cuanto al tema económico reconoció que no tenían «ni una [perra] chica», empero, tenían esperanzas de conseguir gran cantidad de abonados.

Por fin se consiguió el consenso. Un mes después el terreno de juego estaba preparado para jugar partidos de competición. Observándolo desde una perspectiva ecuánime, había que reconocer que el campo de juego contaba con un desnivel bastante considerable. Sin embargo, a fuer de considerarnos masoquistas, Alburquerque, como capitán del equipo, aspiraba a ganar el sorteo al inicio de los encuentros con el fin de atacar cuesta arriba en la segunda parte. Aunque los amables lectores jóvenes no puedan entenderlo tenía una explicación muy plausible: En la zona alta se concentraban la mayoría de los aficionados y, por lo tanto, la afición se volcaba para animar con más empeño.

José Jaramillo, Antonio Porras, María Catena, Sebastián Físico, Mª José del Castillo, Francisco Fernández Grajera, Isabel Portillo, Manuel Meleno y Juan Rodríguez «Peana». Debajo: el capitán de La Estrella y Antonio Alburquerque, capitán del Santa Marta.
      

  BAUTISMO DEPORTIVO

El 13 de septiembre de 1970 podríamos considerarlo el día del bautizo del Club Deportivo Santa Marta. Como no podía ser de otra manera, asistieron las autoridades civiles y eclesiásticas al campo de «La Cortina». El encuentro enfrentó al equipo local con La Unión Cultural La Estrella, de los Santos de Maimona. Actuaron de madrinas, haciendo el saque de honor, las encantadoras señoritas Isabel Portillo, María José del Castillo y María Catena. Arbitró Antonio Porras, siendo auxiliado por los populares Juan «Peana» y José «Moro».

La primera liga en la que participó el Club Deportivo Santa Marta estaba encuadrada en el grupo A de la Segunda Regional Preferente. Los compañeros de viaje fueron: Sanvicenteño, de San Vicente de Alcántara; San Roque Industrial, de Badajoz; La Estrella, de Los Santos de Maimona; Frexnense, de Fregenal de la Sierra; Atlético Pueblonuevo, Pueblonuevo del Guadiana, Hernando de Soto, de Barcarrota, Extremadura Atlético, de Almendralejo, Careva, de Puebla de la Calzada; y Sociedad Deportiva Villafranca, de Villafranca de los Barros.

CONCLUSIONES Y AGRADECIMIENTOS

Hasta aquí esta primera aproximación a la historia futbolística santamarteña. Tiempo habrá de continuar la senda. Como decía al principio, me gusta el fútbol, aunque últimamente me decepciona el excesivo mercantilismo que lo rodea.

A nivel local es muy difícil mantener la ilusión en los aficionados. Es más cómodo ver los partidos desde la atalaya de la televisión. El que suscribe siguió al Santa Marta desde su fundación, lamentablemente, las obligaciones profesionales no me han permitido asistir en los últimos años. Desde aquí, animo a los dirigentes a persistir en el empeño. Este último año se ha ido por el desagüe de la bañera sin mojarnos los pies siquiera. Una pena no haber podido celebrar el cincuentenario.  El bicho nos ha roto el corazón, empero, debemos tener esperanzas, remar en la misma dirección y esperar, no nos queda otra.

Agradezco a mi buen amigo Pedro Escobar algunas de las fotos que adornan este escrito, así como sus recuerdos, indispensables para pergeñarlo. Para terminar, quisiera dedicar este artículo a todos los que, de una manera u otra, trabajaron en pro del Club Deportivo Santa Marta. Muchos aparecen por aquí. Sin embargo, me van a permitir los amables lectores y lectoras que destaque a dos de los hombres que forjaron la leyenda de este club. Es imposible olvidar el empeño y dedicación, siempre altruista, de Manuel Meleno Ramírez y Antonio Porras Fernández, dos gladiadores que lucharon con denuedo y pundonor, sin rendirse, siempre por hacer grande al Santa. Va por ellos y por todos los demás.














11 comentarios:

  1. ¡¡¡Espectacular!!!
    No conocía esta faceta tuya.
    A partir de ahora te seguiré.
    ¡¡¡Enhorabuena!!!

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    1. Muchas gracias Miguel. Aquí puedes seguir todas las entradas. Saludos.

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  2. ¡¡¡Espectacular!!!
    No conocía esta faceta tuya.
    A partir de ahora te seguiré.
    ¡¡¡Enhorabuena!!!

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  3. Muy interesante,me ha encantado. Gracias Manolo

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    1. Muchas gracias, aunque me conoces desconozco quien eres debido a que apareces como Desconocido-a.

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  4. Me encantan tus narraciones. Enhorabuena y gracias.

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  5. Me encantan tus narraciones. Enhorabuena y gracias.

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  6. Me ha encantado leer la historia del club donde empecé y terminé mi vida de jugador y ver las fotografías de figuras como Morgan y Meleno que fueron mis entrenadores y del resto de ellos a los que conocí como incondicionales aficionados en mi época de jugador.
    Felicidades por la publicación.

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  7. Anterior comentario por Juan Antonio Núñez Arcos.

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